Por Florencia Lara
4 julio, 2022

Sabrina jamás imaginó que su misteriosa clienta en realidad también tenía su propia pastelería. “Una vez que lo necesité, alguien me ayudó y hoy sentí que debería ayudarte”, le dijo la mujer a la vendedora ambulante.

Es algo ya habitual ver historias en redes sociales sobre gente de esfuerzo, quien con trabajo duro logran el éxito en la vida. Lo que no es tan común, es escuchar de dos empresas entre sí, que son competencias por vender el mismo producto, se ayuden mutuamente. Pero, fue exactamente lo que ocurrió en Sao Paolo, Brasil.

Instagram: @sabrina_vianap

Sabrina Viana, una joven habitante de Brasil, estaba pasando por difíciles momentos económicos. Estaba desempleada, necesitaba pagar los gastos de su casa y ayudar a su madre con las cuentas. Por la misma razón le propuso a su novio vender comestibles en la calle, pero era casi imposible de convencerlo.

Un día, Sabrina le pidió a su madre que cocinara pasteles helados, tomó una caja refrigerante, y convenció a su pareja de pararse en la calle de donde viven para venderlos. Ella tenía fe, a pesar de saber que era complejo. Pero, al parecer el novio de la chica tenía razón, ya que día tras día lo único que escuchaban era un “no” como respuesta.

Instagram: @sabrina_vianap

“Sentí que los pasteles no se vendían y que tendrían que terminar siendo desechados o consumidos por nosotros y estaríamos sin ningún beneficio”.

Sabrina Viana a Razoes para Acreditar.

Hasta que un día todo cambió. Una mujer que pasó en un choche blanco por el semáforo, compró uno de los pasteles helados de Sabrina. “Dios mío, algún día volveré”, le dijo tras darle un mordisco a la preparación.

Unos días después, pasó la misma mujer, pero esta vez estaba en la vereda de a calle. La misteriosa persona se acercó a la pareja, y comenzó a preguntarles por su vida, si estudiaban y por qué vendían en los semáforos. Tras un cruce de palabras, la chica decidió comprarle todos los pasteles que Sabrina tenía aquel día en la bolsa, e incluso le pagó más por ello.

Instagram: @sabrina_vianap

“Insistió mucho para pagar más por los pasteles. Después de insistir tanto, dijo ‘Una vez que lo necesité, alguien me ayudó y hoy sentí que debería ayudarte’. Después de que ella dijera estas palabras, sentí una paz inexplicable dentro de mí”.

Sabrina Viana a Razoes para Acreditar.

Luego de comprar la mercancía, la mujer se dirigió a su carro con los muchachos. Fue ahí cuando abrió el maletero y sacó otros pasteles, entregándoselos a Sabrina. La chica confesó que ella era empresaria, dueña de una pastelería, y que al igual que la vendedora ambulante, le costó surgir. Es por eso que la quería ayudar.

“Ella nos dijo que una y otra vez los propios empleados la confundieron con la señora de la limpieza con su  simplicidadal caminar, vestirse y hablar”.

Sabrina Viana a Razoes para Acreditar.

Instagram: @sabrina_vianap

Sabrina ese día no solo vendió todo lo que preparó, sino que entendió que no había necesidad de competir con otros por vender el mismo producto. Para surgir, había que tener perseverancia y ayudarse entre emprendedores.