Por Lucas Rodríguez
19 julio, 2021

Lena Salgado abre las puertas todos los días para las personas que necesitan de una cena caliente para poder seguir adelante. Su propia experiencia le sirve como inspiración.

Muchas veces, detrás de las personas que llevan a cabo las obras de caridad, hay una historia que vale la pena conocer. Es cierto que en muchos casos se trata de gente con dinero intentando mejorar su imagen pública, pero en muchísimos otros casos, son las experiencias personales de quienes organizan las acciones las que las inspiran a comenzar. Así es en el caso de la historia de Lena Salgado, una mujer de 55 años de Brasil. 

@lenasalgadosp

El presente de Lena la ve como la orgullosa dueña y administradora de un centro de alimentos para las personas que no tienen nada. Pero para llegar a este momento, la mujer tuvo que pasar por momentos mucho más rudos.

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Nacida en una familia muy humilde, Lena era una de muchos hermanos. Su vida no era la mejor, por lo que empezó a pasar cada vez más tiempo en las calles. De a poco, estar fuera de casa se comenzó a volver más común que seguir dentro de ella. 

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Así fue como Lena hizo de la calle su hogar. Ahí conoció a un hombre con el que se casó y tuvo nada menos que ocho hijos, pero del que después tuvo que escapar cuando la relación se tornó abusiva. Las malas condiciones de vida la llevaron a caer en adicciones y otros riesgos para la salud. En cierto momento, parecía que no tenía una buena salida desde ese punto. 

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Luego de mudarse a Piracicaba, Brasil, conoció a un hombre justo, que le dio trabajo en su bar. Al mismo tiempo, la Lena de 22 años se involucró con el hijo de este hombre, el que se convertiría en un marido como debía ser. 

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Al tener el apoyo de este hombre, Lena decidió que dejaría atrás sus días complicados. No solo eso, que ocuparía su vida en darle una mano a quienes se encuentran en una situación similar a la que ella misma vivió en el pasado.

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El café es hoy tanto un negocio rentable y conocido en la región, como un espacio donde las personas que viven en las calles pueden ir por una manta y un plato de comida. Lena está orgullosa de haber podido devolverle la mano a quienes la ayudaron, así como ver a mujeres como ella comenzando a dejar atrás sus propios malos momentos.