Por Lucas Rodríguez
19 octubre, 2021

Micaela Ricci de Tucumán, Argentina, tuvo a su hijo Mateo cuando estaba en el colegio. Criarlo fue una lucha, pero ella decidió que no dejaría de lado su sueño de graduarse de psicopedagoga. Su negocio callejero fue clave para lograrlo.

En una situación ideal, una persona pasaría por las distintas fases de su formación educacional sin tener que interrumpirla por necesidades de dinero. Pero la situación de Micaela Ricci, una mujer de Tucumán, Argentina, tuvo muy poco de usual. Cuando Micaela tenía solo 16 años, quedó embarazada luego de llevar solo un par de semanas de novia con un chico de su edad. 

El embarazo no fue sencillo, obligando de Micaela que guardara reposo durante gran parte de su proceso. Su hijo Mateo llegó al mundo sin problemas.

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La vida con su hijo a cuestas no fue sencilla, pero Micaela contaba con el apoyo de su familia: 

“Fue totalmente inesperado y poco fácil de asimilar como adolescente, Desde el primer día tuve el apoyo de mis padres y hermanos, eso fue clave para seguir con mi vida porque no me obligaron a casarme ni hacerme cargo de todo”

–Micaela Ricci para InfoBae

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La vida con su bebé consiguió normalizarse, pero de todas maneras Micaela tenía bastantes apuros económicos. Por esto tuvo que conseguir una serie de empleos, con los que fue llegando a fin de mes. 

Pero cuando decidió que ser madre no se interpondría a sus deseos de llegar a tener una profesión universitaria, tuvo que poner todo de sí misma.

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Los costos de tiempo que le significaban comenzar a estudiar psicopedagogía le significaron dificultades para mantenerse empleada. Cuando llegó la pandemia, y muchos de los empleos no ejecutivos tuvieron que ser cancelados debido a las cuarentenas, Micaela se quedó sin esos empleos de los que tanto necesitaba.

Fue así como terminó optando por vender pan casero en las calles.

El tiempo pasó y este flujo entre emplear, criar y estudiar fue rudo, pero cada vez más aceptable. Finalmente llegó el día en que Micaela se graduó de su carrera:

“No importa el tiempo que uno se demore en realizar sus metas. La mía es enseñar. Quisiera investigar, adoro el ámbito de lo no formal y poder dedicarme a eso. Colaborar con la Ciencia de la Educación porque es la única herramienta de cambio”

–Micaela Ricci para InfoBae

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Fueron un par de años muy rudos, pero ahora que ya pasó lo peor, Micaela puede observar su situación y sentirse bastante satisfecha. Tiene no solo la profesión que siempre quiso, sino que también es un modelo a seguir insuperable para su hijo, quien hoy ya tiene ocho años.