Por Lucas Rodríguez
19 febrero, 2020

Una hora antes, con extra higiene y un menú exclusivo, crearon todas las condiciones para que ella disfrutara de su actividad preferida una vez más.

El sentido común sostiene, que no existe nada peor en la vida de una persona, que un padre teniendo que enterrar a uno de sus hijos. Es algo que simplemente parece ir en contra del orden natural de las cosas. Las personas de menor edad deberían ser las que se encarguen de poner en la tierra a quienes llegaron antes que ellos al mundo. Cuando se invierten estos roles, siempre es debido a alguna condición fuera de lo común que acortó la vida de alguien al que aun le debería haber quedado muchísimo tiempo sobre la tierra. Por esto es que cada vez que escuchamos la historia de un niño o una niña que se han contagiado de alguna enfermedad terrible, especialmente si estas son de las que tienen bajas expectativas de presentar mejoras, no podemos sino mortificarnos. Es algo que simplemente no deberíamos estar escuchando. 

Todos conocemos el caso de alguien que ha tenido que ver como lo más valioso de su vida, sus propios retoños, han sido alejados de su lado antes de tiempo. No hay manera de que esto se vuelva más llevadero. Lo único que podemos hacer, es buscar historias de gente que frente a una situación como esta, han optado por hacer un esfuerzo extra para acomodar a la persona enferma, o incluso, buscar contribuir en su lucha contra la enfermedad que la aqueja.

Facebook: Vanlam Nguyen

De ese estilo es la historia que Good Morning America se ha encargado de difundir, basándose en los posts de Facebook de una familia que encontró un pequeño oasis de esperanza en medio de los momentos más terribles de su vida. La familia de Adelaide ha tenido que hacer frente al diagnóstico que afecta a su pequeña hija. Addy sufre de leucemia, una enfermedad terrible, cuyo tratamiento puede ser tan desgastante como las mismísimas consecuencias de la enfermedad. 

Facebook: Vanlam Nguyen

Junto con los síntomas y el tratamiento, quienes enferman de esta deben verse aislados del resto del mundo: incluso un pequeño resfriado puede causarles estragos. Por eso fue que la familia de Adelaide había tenido que abandonar una de sus tradiciones favoritas: ir a comer un brunch de domingo a su restaurant favorito. Las posibilidades de que Addy se contagiara de algo eran demasiado grandes.

Facebook: Vanlam Nguyen

Pero cuando buscaron el apoyo del local, estos dieron con una solución. Por un domingo especial, abriría sus puertas dos horas antes de lo normal. No sería algo disponible para todo el público, sino que solamente para Adelaide y su familia. La niña continúa su lucha contra la enfermedad, pero hoy al menos puede mencionar entre sus recuerdos recientes el haber vuelto a comer su brunch favorito.