Por Antonio Rosselot
12 noviembre, 2020

La familia de Milder Conde (Perú) dominaba el negocio, pero vio disminuidos sus ingresos por la pandemia, así que el chico decidió actuar: se inscribió en un programa municipal y aprendió de la crianza de los roedores para así levantar el ingreso familiar. Por fortuna, el plan ha dado resultados.

Las historias de superación y esfuerzo nos siguen llegando desde todas partes del mundo. Esta vez nos dirigiremos a los alrededores de Cusco (Perú), en donde una familia ha podido superar las dificultades pandémicas gracias al arduo trabajo de un pequeño de 10 años.

Pedro y Francisca Conde viven en la comunidad de Ventanayoq-Rumaray, a 4 mil metros de altura, y en su vivienda tienen un albergue para cuyes habilitado hace poco menos de un año.

RCR Perú

Su sustento era la venta de estos roedores, que son ampliamente consumidos en el país y sobre todo en la zona de Cusco. Sin embargo, la pandemia los dejó rápidamente con las manos vacías y debieron rematar los ejemplares que les quedaban para poder sobrevivir.

Por fortuna, la producción se está recuperando gracias al trabajo de Milder, el hijo de la familia, que con un curso impartido por la Municipalidad Distrital de Ccorca aprendió a criar los cuyes por su cuenta. Su trabajo ha permitido que se estabilice el negocio familiar.

La República

“Es importante escoger bien el alimento, el pasto o alfalfa. No tiene que estar mojado ni muy seco, porque les puede dar timpanismo [a los cuyes] y se nos mueren. La temperatura del galpón tiene que ser caliente y este tiene que permanecer siempre limpio”.

—Milder Conde a La República—

Francisca, su madre, explica que cada cuatro meses aparece una buena camada de cuyes listos para la venta. Cada uno puede comercializarse por unos 25 soles —unos 7 dólares— en promedio. “A veces los llevamos a los mercados de Cusco y Anta, entre 30 y 40 cuyes. Nuestra meta es llegar a los 100, para así tener mejores ingresos”, comenta.

AP

Los Conde fueron una de las familias beneficiadas por el Programa de Cadenas Productivas de la Municipalidad Distrital, que busca fortalecer la actividad económica local tanto como el cuy como también con el cultivo de flores, fresas y hongos.

“La meta es expandir más beneficiados, nosotros les damos la asesoría técnica y algunos insumos para el emprendimiento”.

—Marco Antonio Quente, encargado del proyecto, a La República—

Hay que celebrar el mérito de Milder, que con sólo 10 años decidió capacitarse y así ayudar a su familia a resurgir. Y si bien el negocio de animales nunca será algo que deje a todos contentos, la supervivencia y el bienestar familiar siempre van por delante.