Por Lucas Rodríguez
5 febrero, 2019

Algunos tienen más papilas gustativas. No estamos diciendo que sean superhéroes. Solo que puede que tengan capacidades superiores al resto de los mortales.

Es de lo más común ver que un niño se niega a devorar los vegetales que sus padres les han servido sobre el plato. Por mucho que los adultos traten de hacerlo entender que es por su propio bien, que si no se come esas ramas y hojas no va a ser bonita como su mamá o alto como su papá, el sabor amargo de las verduras suele ser rechazado por los pequeños.

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A medida que vamos creciendo, nuestros gustos se van expandiendo. Las papilas gustativas cambian, por lo que sabores que a primera vista pueden resultar desagradables, como el amargor de una cerveza o ciertos platos más exóticos, nos comienzan a parecer deliciosos. 

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Pero, ¿te has topado con estas personas que viven toda su vida repitiendo lo mismo que decían que niños? Que cualquier sabor que no sea claramente dulce o salado les parece horroroso, algo similar a la tortura o tener que pagar los impuestos. 

Puede que te hayas encontrado frente a alguien con capacidades sobrehumanas. No estoy hablando de que no necesiten comer verduras porque su único alimento es el sol o las energías del planeta Kripton. Sino que puede que su boca funcione de una manera que los haga sentir más sabores que el resto de nosotros. 

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Un porcentaje muy bajo de las personas, cerca de un 20% solamente, se pueden calificar como «súper probadores». La explicación científica es que esta gente cuenta con más papilas gustativas (las glándulas que reaccionan ante los sabores de lo que te llevas a la boca, entrenadas para distinguir los amargos sabores de hierbas u hongos venenosos) que una persona normal. 

Debido a esto, los sabores amargos les resultan realmente intolerables. Una manera de saber si eres parte de este selecto grupo es teñir tu lengua de azul: verás que sobre el colorante destacan unos puntos rosados. Si ves una cantidad enorme, imposible de ignorar, felicidades, eres un «súper probador».Tienes nuestro permiso para saltar directamente al postre.

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Aunque parezca ilógico, el ser un «súper probador» no significa que necesites comer menos verduras. Tu cuerpo necesita los mismos nutrientes que cualquier otro, por lo que deberá encontrar la manera de engañar a tu boca para poder tragar esos espárragos o tomates.