Por Ronit Rosenberg
21 agosto, 2018

¡Tienen ojos, uñas y hasta una naricita perfecta!

La creatividad no tiene límites y es esencial para destacar. Así se lo propuso una heladería en Taiwán, en donde decidieron vender un producto diferente. La mayoría de las heladerías intentan sobresalir fabricando sabores especiales y usando ingredientes naturales para que los helados sean artesanales y con sabor real. Sin embargo, ya sabemos que en Asia las cosas son muy diferentes. Todo tiene que estar en un nivel superior porque hay mucha competencia. 

Por esto, esta heladería resolvió empezar a vender helados con formas de un cachorro arrugado, muy parecido a un pug o un bulldog pequeñito. Suena adorable, sobre todo para los niños. Pero la verdad es que esta innovación culinaria es más que algo “adorable”. Más bien podría describirse como algo épico o como algo perturbador. 

IG Twoboysfood

Resulta que los helados, a simple vista (sin saber que son helados por su puesto) parecen cachorros de verdad. Sí, reales. Tienen cada arruga y marca en su cuerpecito y rostro que realmente parecen perritos pequeños recién nacidos. Una vez que comienzas a verlos de cerca te das cuenta que son de mentira, pero aún así partirlos para comerlos, personalmente, me perturba. ¡Tienen ojos, uñas y hasta una naricita perfecta!

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Además que son una creación tan hermosa, algo así como una escultura que los amantes de los perritos tendríamos de adorno. Por eso, cortarlos por la mitad y comerlos parece a algo muy triste. 

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Pero además de lindos, la heladería los ofrece en todos su sabores. Tienen un molde del cachorro y en el momento que el cliente escoge el sabor, lo rellenan en el molde y luego le entregan un adorable cachorro congelado. Cada 5 horas sirven 100 de estos helados y tienen un valor entre los 6 a los 8 dólares. 

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Eso sí, una vez que lo compras, se debe consumir de inmediato porque a los pocos minutos de sacarlo del frío se empieza a derretir y ver a un cachorrito desaparecer lentamente es un desperdicio.

Revisa la historia completa:

¿Te comerías uno?