Por Teresa Donoso
1 Agosto, 2017

Si te gusta conquistar al mundo por el estómago, prueba esto.

Las alitas de pollo súper crujientes y bien aderezadas son el sueño de muchos. No hay nada mejor que disfrutar de su textura crujiente con el sabor justo en su punto después de un largo día o de una larga semana. El problema viene cuando te toca consumirlos con menos regularidad de la que te gustaría debido a su alto contenido en grasas o colesterol. Esa debe ser una de las indicaciones de nuestro doctor que más nos duelen: dejar de lado todas estas comidas deliciosas.

Lo bueno es que según Brianna Riddock, de My Recipes, es posible lograrlo usando el horno… siempre y cuando sepas qué ingrediente usar.

Todo tiene que ver con un hermoso pero desconocido truco que involucra untar tus alitas sin cocer en bicarbonato de sodio con sal y hornearlas a la temperatura más alta posible sin que se quemen.

El resultado será una alitas perfectamente doradas, con un sabor perfecto y (aquí viene lo mejor) una textura crujiente igual al de las alitas fritas.

¿Por qué funciona?

Según Riddock se debe a que la combinación de sal y bicarbonato de sodio ayuda a descomponer la proteína y llevar al exterior el agua y la humedad de la piel de las alitas, permitiendo que la piel quede crujiente mientras que el interior se mantiene tierno.

Eso sí es importante secar las alitas y tratar que estén lo menos húmedas posibles antes de pasarlas por la mezcla, de lo contrario no lograrás la textura crujiente que buscas.

Adicionalmente, es buena idea cocinarlas sobre una rejilla y no en una bandeja, para evitar que su propio jugo se interponga entre el resultado que quieres lograr: una piel con mucha crocancia. De esta forma no sólo ahorras aceite y evitas lavar muchas cosas, además ahorras calorías y conservas el mismo delicioso sabor de siempre.

¿Lo probarás? ¡Cuéntanos en los comentarios!