Por Teresa Donoso
2 noviembre, 2017

La razón me hizo sonreír con esperanza.

El chef Gordon Ramsay es, en definitiva, un referente para nosotros. De seguro ya lo has notado con todos los artículos que hemos escrito sobre sus consejos, formas de cocinar hamburguesas o comidas que el chef aconseja nunca comer. En el fondo, amamos a Ramsay (y no muy secretamente) y es por eso que no pudimos dejar de conmovernos cuando supimos de este interesante episodio.

A través del portal Refinery29 y FoodBeast encontramos un clip del programa Hotel Hell que fue compartido en el canal de YouTube del chef. En él se ve al chef principal del Hotel Keating, Brian Rutherford, romper en llanto después de probar uno de los platos del chef.

Sí, aparentemente, la comida de Ramsay es así de buena.

Todo se enmarcaba dentro de unos de los episodios del show del chef donde tenía la intención de permitir que el Keating, que se encuentra en San Diego (EE.UU), volviese a captar la atención de sus clientes de una forma positiva, ofreciendo un servicio que fuese realmente lujoso y una buena comida.

Para ello, Ramsay decidió ayudar a Brian a volver a sentir pasión por su trabajo y la comida, pues parte de la razón del mal servicio se relacionaba con el aburrimiento y falta de creatividad del chef principal.

“Ya no me apasiona mucho estar aquí y espero que la visita de Ramsay me ayude a cambiar eso”.

Ramsay le mostró algunos platos que estarían presentando en el nuevo menú y lo alentó a que juntos cocinaran y aprendieran las recetas. Brian se mostró interesado en la idea y se animó a probar las preparaciones del chef inglés. Fue allí que se dio el gran quiebre.

El plato que cambió todo en la vida de Brian fueron definitivamente los ostiones, que Ramsay preparó con una vinagreta y terminó con un poco de sal y pimienta:

Fox

Al probarlo, Brian comenzó a llorar inmediatamente:

El chef Gordon le preguntó si se encontraba bien y el asintió. Posteriormente comentó que la energía que sentir al estar cocinando con Ramsay lo hacía sentir diferente y que desde ese momento se sentía mejor “e incluso más alto”. Posiblemente su llanto se relacionaba con el hecho de que él añoraba con preparar algo como eso para servirlo a los comensales.

Gordon concluyó con las siguientes palabras:

“Estoy contigo en cada paso, pero necesitas mostrar tu voz aquí. La voz está en cada plato, déjala gritar”.

Definitivamente fue una muy buena lección.