Por Antonio Rosselot
29 octubre, 2019

Tammi Jonas se horrorizó con el tratamiento que recibían los animales de granja y, convencida, dejó la carne. Pero una simple hamburguesa cambió su paradigma de vida por completo.

A veces un día hay sol, pero al día siguiente puede haber nubes y lluvia; a veces te despiertas con ganas, y al día siguiente sólo quieres quedarte retozando en la cama. Pero en el caso que les mostraremos a continuación, esta mujer un día era vegetariana, y al día siguiente pasó a ser totalmente carnívora. Raro, ¿no?

Tammi Jonas (49) se convirtió en vegetariana en los años 70, después de leer «Liberación Animal», el popular libro de Peter Singer, y horrorizarse con el tratamiento que recibían los animales de granja. Jonas, oriunda de Eganstown (Victoria, Australia) se mantuvo 10 años comprometida con el vegetarianismo, pero cuando se embarazó por tercera vez todo cambió: esta vez, la anemia empezaba a hacer mella en su cuerpo y ánimo.

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Y para compensar el efecto de la anemia, Jonas engulló una hamburguesa una vez en el trabajo: desde ese punto en adelante, su vida volvió a ver a los animales como alimento. Si bien admitió que le costó un tiempo volver a comer cerdo y pollo, comenta que se «sintió fantástico» después de volver a probar el cordero y el vacuno.

«Me sentía mucho más sana, porque le estaba dando a mi cuerpo lo que necesitaba. Pero era muy cuidadosa con el lugar donde compraba mi carne».

Tammi Jonas a 10 Daily

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Tammi, que creció en una granja de Oregon (EE.UU) antes de migrar a Australia, comenta que quería crear su propia granja y matadero para que los consumidores puedan escoger opciones éticas de carne. Y así fue como junto a su marido Stuart fundaron Jonai Farms and Meatsmiths, empresa que lleva 8 años en operación.

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Jonas comenta que sus prácticas en la granja son éticas y holísticas ya que no usan químicos dañinos en sus prácticas, además de tener a todos los animales en un ambiente libre, que no parece una granja tradicional.

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Sabemos que la industria de las carnes y los mataderos son de una crueldad inentendible, pero tranquiliza ver a granjeros y granjeras que tienen cierta consciencia sobre sus actos.