Por Catalina Maldonado
11 noviembre, 2021

Luego de que un policía encontrara a Manuel llorando por no vender paletas en un día, tomó la misión de ayudarlo a sobrevivir los meses más duros de la pandemia. Sin pensarlo, mucha gente se unió y le dieron al vendedor una casa para vivir. La inauguraron fue con fuegos artificiales y champaña.

La pandemia por coronavirus afectó en todo orden de cosas, sobre todo a aquellos vendedores que sustentaban su vida en las calles, que una vez que llegó la cuarentena, se vieron completamente vacía. Una situación que vivió un vendedor de helados en Brasil y que conmovió a un policía. 

En mayo de este año, el oficial Derineudo encontró a Manuel —un vendedor de helados— llorando por las calles por no haber podido vender ni una paleta en todo un día. Algo que significaba para él, no tener para comer o pagar sus cuentas.

VOAA

El policía se acercó, anotó su contacto y lo ayudó con un poco de dinero en ese momento, aunque claro, no quería quedar solo en esto. Derineudo se puso en contacto con VOAA (Vaquinha do Razões) para abrir un fondo para Manuel. 

Si bien el objetivo de la colecta para el vendedor era ayudarlo económicamente los siguientes meses de pandemia, su historia se volvió muy popular y en pocos meses el valor inicial de la meta establecida para recaudación se superó en 258%. 

VOAA

De esa forma, con todo ese dinero destinado para Manuel, no solo alcanzaba para ayudarlo a sobrellevar la crisis si no que podían darle la posibilidad de tener una casa propia y un techo donde sentirse seguro frente a cualquier cosa. 

Después de unos meses de espera, Manuel finalmente pudo recibir las llaves de su nueva casa, la que fue inaugurada con fuegos artificiales, globos e incluso champaña, mientras que el vendedor de paletas estaba encantado de conocer su hogar.

“Lo que está sucediendo hoy, nunca hubiera esperado que fuera así. Pensé algo, pero algo salió mejor de lo que pensaba”, dijo emocionado Manuel tras recibir sus llaves.

VOAA

Antes, Manuel vivía en una casa de madera alquilada, la que dependía cada mes de cuántas paletas podía vender en la calle, algo que además se sumaba a sus gastos básicos.

Hoy su residencia cuenta con muebles, electrodomésticos, como heladera, estufa y aire acondicionado, acompañado de un hermoso patio trasero para que Manuel siembre lo que desee.