Por Lucas Rodríguez
29 agosto, 2019

Son un tipo particular de carbohidratos que no son fácilmente digeridos por el intestino. Están presentes en casi todo, especialmente las tortas y lácteos, así que estamos perdidos.

Comer es una actividad muy particular, al menos la manera en que la realizamos los seres humanos. Los otros miembros del reino animal se limitan a conseguir su alimento e ingerirlo solo segundos después, sea este el fruto de un árbol o una gacela a la que le acaban de rasgar el cuello (lo siento por la imagen, pero así son los felinos mayores). Al contrario de esto, los seres humanos somos capaces de demorar la ingestas de alimento, algo que de buenas a primeras suena totalmente alocado, todo con el fin de que nuestras alimentación resulte más satisfactoria de lo que podría ser si nos comiéramos todo como viene. 

Pero como hemos aprendido, todas las cosas que nos gusta hacer tienen un coste. No estoy hablando del dinero o el tiempo que lleva conseguir y preparar nuestros alimentos, sino que de temido proceso que viene después del consumo de alimentos: la hinchazón estomacal.

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Parecería que mientras más disfrutamos de nuestros almuerzos o cenas, más posibilidades tenemos de que estos nos traicionen una vez hayan caído en nuestros estómagos, haciéndonos sentir un dolor que puede llegar a ser inmovilizante. Esto suele ir acompañado por la culpa, la típica frase de «no debí haber comido esto o lo otro». 

Llegando siempre al rescate del hombre y mujer comunes, la ciencia ha estudiado este fenómeno, dando con una conclusión bastante sólida. El dolor de estómago que viene luego de comer se debe a un tipo en particular de carbohidrato de difícil digestión dentro de los sistemas internos de nuestro cuerpo.  

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Llamados FODMAP, estos carbohidratos de difícil absorción son prácticamente inevitables. Están presentes tanto en las frutas y verduras como todo tipo de granos y lácteos. No hay cómo no encontrarse con ellos cuando comemos, pero lo que sí podemos hacer es intentar reducir su cantidad.

Los expertos como Eduardo Arranz, del Instituto de Biología y Genética Molecular (IBGM), un centro mixto de la Universidad de Valladolid y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), recomienda consumir harinas más finas, evitar el brócoli, alcachofas, coles de Bruselas, ajos y cebollas, los lácteos sin lactosa y todos los dulces y bebidas light, debido a que tienen un edulcorante alto en este tipo de agentes dañinos para nuestras sobremesas. 

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Finalmente, todo se trata de optar por una dieta balanceada. Si dejas de comer absolutamente todas las cosas que le pueden hacer mal a tu estómago, cortando cualquier dulce o cosas un poco más sabrosas, no serás más feliz. Como dice el refrán «Todo en moderación, incluso la moderación».