Por Teresa Donoso
16 octubre, 2015

Cuando decidimos perder peso, sabemos que tendremos que tomar algunas decisiones y cambiar nuestros hábitos diarios. Por un lado está la alimentación y por otro la actividad física y aunque sabemos que combinar ambos sería lo ideal, muchas veces no tenemos tanto tiempo. Es por eso que usualmente comenzamos por la comida y lo que tenemos en nuestro plato, un cambio fundamental y muy positivo que, sin embargo, muchas veces nos deja con varias dudas y mucho hambre. Estos cinco sencillos consejos te ayudarán no sólo a acabar con esas dudas, sino que a hacer de este proceso algo más sencillo y fácil de integrar en tu vida diaria.

1. Primero, asegúrate que realmente estás comiendo suficiente

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@mrmcvx

Si sientes hambre constantemente, y no me refiero a esos antojos o ganas de comer algo dulce o salado sino que a un hambre que te haría comer hasta esos repollitos de bruselas que tanto odias, entonces deberás volver a estudiar tu plan nutricional. Lo mejor sería acudir a tu doctor para que te oriente con respecto a tus necesidades calóricas y cantidad de macronutrientes. Puede que comer poco de ayude a perder peso, pero te dejará desgastada, sin energías y desnutrida. Claramente, este no es el camino que deberías seguir.


2. Consume alimentos que aumenten tu gasto calórico

Se dice que existen alimentos que contienen una sustancia llamada capsaicina. Usualmente puede ser encontrada en alimentos picantes, como el ají natural o en polvo y lo que hace es aumentar nuestro gasto calórico interno. Si bien esto podría ayudarte, tampoco implica una excusa para comer de más: todo con moderación.


3. Olvídate, realmente, de las comidas procesadas

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Simon Keller

Una vez que ya lleves un tiempo acostumbrándote a comer más sano, intenta lentamente dejar de preocuparte tanto de las calorías y comienza a preocuparte de la composición de los alimentos. Esa manzana y ese yogurt descremado tienen las mismas calorías, pero ¿Cuál de los dos aporta vitaminas naturales y no contiene aditivos? Por lo demás, los alimentos menos procesados aportan energía de forma más efectiva al cuerpo lo que hace que utilicemos casi todas las calorías que ingerimos. Al final, comemos para tener energía ¿no?


4. Juega con la ilusión óptica

Una buena opción, para cuando recién comienzas, es trasladar tus porciones a platos que sean un poco más pequeños: de esta forma no será tan obvio que has disminuido levemente tu ingesta calórica. Después de todo, la comida nos entra por la vista. Esta es una buena forma de engañar a tu mente y evitar que te haga sentir que deberías comer más cuando lo que quieres es comer menos.


5. Añade proteínas magras en momentos claves

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@ReminiscingMemories

Comienza a escribir un diario y nota los momentos en los que te sientes con más hambre. Usualmente tengo más hambre entre las 9 de la mañana y las 12 del día por lo que me aseguro de consumir alimentos altos en proteína (y que me mantienen sintiéndome satisfecha) a esas horas. Intento desayunar huevos y en mis snacks de las mañanas añado yogurt o frutos secos. De esta manera estarás preparada para estos ataques de hambre y podrás seguir alimentándote de forma saludable.

Realizar un cambio, independiente del cambio que sea, nunca es sencillo. Toma al menos tres semanas acostumbrarnos a un nuevo hábito, por lo que ten paciencia y no seas tan dura contigo misma. Poco a poco comenzarás a identificar tus debilidades y a diseñar planes para combatirlas. Lo importante es que has empezado y que día tras día haces un esfuerzo para vivir de forma saludable y eso, si me lo preguntas a mí, es algo admirable en sí mismo.

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