Por Camila Cáceres
1 agosto, 2017

«Nadie puede juzgarnos porque no están en nuestros zapatos».

May y Julian Williams de Yorkshire, Inglaterra, enfrentan una realidad que para la mayoría de los padres es una pesadilla. Su primera hija, Anya, es una niña saludable y alegre, pero Molly, la segunda, tiene una condición incurable y fatal conocida como “atrofia muscular espinal” o AME que la obliga a utilizar una silla de ruedas. La mayoría de los niños con AME mueren en sus primeros años.

Facebook / May Williams

“Supe desde el principio que algo no andaba bien. Aunque era un alma feliz no se movía cuando le cambiaba el pañal y sus extremidades parecían lánguidas. Al principio los médicos dijeron que todo andaba bien, pero cuando Molly no se había sentado aún, nos dijeron que la lleváramos al hospital.

No estábamos preocupados. Pensábamos que seguro había alguna explicación razonable para todo”.

May Williams

Anya se enamoró de su hermanita apenas verla. Desde su nacimiento que se lo pasaban juntas. Cuando les dijeron que Molly tenía AME tipo 1 -el más devastador-, May sólo pudo pensar en su hija mayor y lo sola que se iba a sentir.

Facebook / May Williams

“Nunca habíamos oído sobre esa condición. Sentí que el mundo se hundía. Lloré y lloré, incapaz de aceptar el cruel diagnóstico que debíamos enfrentar”.

Fue Julian quien lo propuso primero:

“Perdí a mi madre y hermana a una edad que tuvo un efecto muy fuerte en mi vida. Nunca me ha dejado. No podía dejar que le pasara lo mismo a Anya”.

Se hicieron exámenes y descubrieron que ambos llevaban en sus genes esta terrible condición. Cualquier niño que concibieran tendría un gran riesgo de sufrir la misma enfermedad que Molly y morir en sus primeros años.

Sin embargo, decidieron arriesgarse, por su familia y sus hijos.

Facebook / May Williams

No le contaron a nadie su proyecto y la noticia de su embarazo fue de sentimientos mezclados, extremos terror y alegría. A las 13 semanas recién pudieron hacer un examen que les indicaría si el niño sufriría de la misma condición que Molly.

“Fue un periodo terrible. Ningún padre debería tener que enfrentar que su hijo tenga una enfermedad terminal y menos tener que arriesgar a otro bebé al mismo destino. Y era tan difícil, porque nos enteramos al mismo tiempo que era un niño, que sería el primer nieto en la familia”.

Los resultados fueron concluyentes: Edmund sería un niño sano.

“Fue un día de muchos sentimientos. Obviamente estábamos dichosos de que nuestro bebé estuviera bien, pero al mismo tiempo rogábamos que Molly llegara a conocer a su hermano”.

May Williams

Molly había enfermado y temían lo peor, pero se recuperó justo a tiempo para celebrar junto con Anya la llegada del pequeño en diciembre del 2014.

Facebook / May Williams

“Fue el momento con que ni nos habíamos atrevido a soñar. Molly estaba tan feliz y se enamoró de inmediato de su hermano, y por unos momentos olvidamos la nube negra que flota sobre nosotros”.

Molly ha roto todos los récords, sobreviviendo hasta sus seis años y aunque han estado cerca de perderla cuatro veces, la familia agradece todo el tiempo extra que tengan con ella.

Ahora es el mismo Edmund quien junto a Anya ayudan a Molly a moverse y a jugar. Ninguno de ellos sabe que la enfermedad de su hermana es fatal.

“La gente puede pensar que lo que hicimos estuvo bien o mal, pero nadie puede juzgarnos porque no están en nuestros zapatos. Hicimos lo que era correcto para nuestra familia”.

May Williams

Puede interesarte