Por Valentinne Rudolphy
4 septiembre, 2015

Pérdida de cabello, dolores de estómago y falta de concentración son algunos de los síntomas.

Si no te has dado cuenta, es porque no estás escuchando bien a tu cuerpo. Pero la verdad es que cuando estás en situaciones o periodos largos de tensión y frustración, tu cuerpo reacciona. Lo más común es que nos pongamos tensos, sintamos pesar y poco ánimo, y nuestros músculos son el mejor indicador. Pero, además, hay muchas maneras en las que nuestro cuerpo nos enseña que debemos bajar el ritmo y respirar. Si no lo sabías, ahora podrás notarlo:

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1. Tu piel lo demuestra

Cuando estás en periodos de tensión o ansiedad, tu cerebro está produciendo cortisol (la hormona del estrés) por montones. Este a su vez, activa las glándulas sebáceas de tu piel, haciendo que te salgan mucho más granos de lo normal, o que sufras algún otro problema a la piel.


2. Pierdes más cabello que lo normal

Debido a todo el desorden que solo una hormona puede causar en tu cuerpo, uno de los efectos más conocidos es la caída de pelo. Día a día perdemos cabello, pero en estos momentos aumenta la cantidad que perdemos.

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3. Tu cerebro hace «corto-circuito»

No es que tengas un apagón y caigas al suelo. Pero entre todos los procesos y señales, el cerebro envía altas dosis de adrenalina y otras hormonas, que por una parte te pueden hacer funcionar en modo automático, pero se traducen en algunos efectos como que no encuentres las palabras que ibas a usar, u olvides por completo lo que estabas haciendo.


4. Bajan tus defensas

Mientras nos sentimos vulnerables mentalmente, también sucede con el resto de nuestro organismo. Es probable que en periodos de estrés te enfermes más rápido y con mayor intensidad, o que no logres salir de el más común resfriado.

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5. Tus uñas también sufren efectos

Tal como la caída del cabello, las uñas también se debilitan ante el estrés. Puede que estén más blandas de lo normal y se rompan de manera más fácil, o que tengan menos brillo.


6. No paras de ir al baño

Antes de alguna presentación o reunión importante, puede que tu nerviosismo se mezcle con muchas ganas de ir al baño. Los procesos hormonales que ocurren en tu cuerpo, causan estragos en tu intestino también, por lo que puede que no pares de visitar el tocador.

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