“Estaba trabajando para poder comprar comida para llevar, lo que comía todo el tiempo. No hacía actividad física”.

La vida moderna nos traga. Salimos del colegio (o la universidad) y nos ponemos a trabajar. El tiempo no nos da para cocinar sano, para ir al supermercado, para hacer las cosas que debemos hacer, para tener hobbies, para tener amigos, para ver a nuestras familias, para arreglar ese vidrio, para ir a buscar los documentos que te esperan hace semanas.

Jessie Gibson cayó víctima de eso en la universidad. Dice que comenzó a trabajar para poder comprar comida para llevar y así no tener que cocinar, y que pronto cayó víctima del estilo de vida.

Comía comida preparada y hacía prácticamente cero ejercicio.

Caters

Con los años Jessie comenzó a subir y subir de peso, hasta llegar a los 120 kilos en total. No se sentía cómoda en su propio cuerpo, se cansaba y más allá de lo que opinase el resto, ella no se sentía atractiva.

“Estaba trabajando para poder pagar comida y comía todo el tiempo. Hacía cero actividades físicas (…) Llegué a un punto en que no podía aguantar lo que veía en el espejo”.

-Jessie Gibson-

Después de salir de la universidad, Jessie pasó 10 años trabajando en una central de llamados. Mantenía su estilo de vida: comía más comida preparada que hecha en casa y no hacía ejercicio.

Sin embargo, ahora Jessie pesa 63 kilos. A sus 33 años, recuerda qué fue lo que le hizo cambiar su estilo de vida:

“El punto de cambio fue una noche en que volví de una fiesta y no podía soportar lo que veía en el espejo (…) La verdad es que no era feliz incluso con el rostro lleno de maquillaje, en tacos y con el cabello hecho además de un poco de vodka. Por dentro era miserable”.

-Jessie Gibson, citada en Metro

Lo pensó y finalmente decidió cambiar su vida. El 2011 renunció a su empleo en el centro de llamados y comenzó a trabajar desde su casa en distintas cosas.

No se atrevía a ir al gimnasio porque temía las miradas de los demás.

Jessie dejó de fumar y comenzó a hacer una dieta balanceada que incluía muchas proteínas y vegetales. Además comenzó a hacer ejercicio en su hogar.

“No dormía bien, compensaba el peso usando mucho maquillaje. Nada me quedaba bien y estaba llegando al punto en que necesitaba comprar ropa de talla plus”.

-Jessie Gibson-

A las pocas semanas de comenzar a hacer ejercicio y comer más sano, Jessie notó los primeros resultados. Luego siguió y siguió bajando, manteniéndose en su lucha por una vida más sana.

“Cuando perdí 22 kilos estaba tan emocionada que compré mi primer bikini de la vida adulta y lo usaba en cualquier ocasión que tenía de ir a la playa”.

-Jessie-

Luego se tomó otra sesión de fotos en estilo pinup, cada vez se sentía más segura y cómoda. Además, comenzaba a notar los efectos positivos de una vida más sana.

“Es importante vivir todas las etapas de la pérdida de peso ya que es un proceso lento”.

-Jessie Gibson, citada en Metro-

Caters.

Tras cinco años de lucha, paciencia y mucha tolerancia a la frustración, Jessie ya ha perdido 53 kilos de peso.

“Aunque tengo los mismos tatuajes, mucha gente cree que las fotos son falsas o que muestran a distintas personas”.

-Jessie Gibson-

Jessie ya está contentísima por lo que logró y ahora está enfocada a un nuevo sueño: convertirse en modelo fitness. 

“Estoy orgullosa de lo lejos que he llegado. Ha sido una experiencia de aprendizaje enorme”.

-Jessie Gibson-

¡Felicitaciones, Jessie!

Te puede interesar