Por Josefina Bonnefont
18 enero, 2017

Parece absurdo, pero tiene mucho sentido.

Como sociedad hemos avanzado en infinitos aspectos de las vida, sin embargo, esa evolución no se ha visto reflejada en materia de educación. De hecho, el modelo capitalista e industrial de crecimiento es el que prima en términos educacionales, sin prestar mayor atención a otros aspectos importante del desarrollo de un niño, como la felicidad y vida interna. En ese sentido, no debería ser una sorpresa que las humanidades estén cada vez más marginadas, favoreciendo la tecnocracia.

Lamentablemente (pensarán muchos) el ser humano no es una máquina, y el modelo nos está pasando la cuenta. Sobre todo, a los niños.

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Kim Payne, educador americano definió cuatro pilares que están encaminando a los jóvenes por un sendero desastroso. Su teoría de los pilares se basa en una serie de investigaciones. Por ejemplo, una de ella tiene relación con el estudio del déficit atencional e hiperactividad, en el cual la disminución de estímulos a los que están sometidos los infantes tienen directa relación con el desarrollo de este trastorno neurológico.

Con la reducción de estímulos, cuatro meses más tarde el 68% de los niños habían dejado de ser disfuncionales y el 38% incrementó su desempeño cognitivo.

El método de Payne obtuvo mejores resultados que el uso de Ritalin (medicina típica para el tratamiento del déficit atencional).

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Los cuatro excesos a los que Payne le atribuye los trastornos es el exceso de: cosas, opciones, información y velocidad.

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No es ningún secreto que, actualmente, los niños están inmersos en una sociedad de consumo, donde tienen demasiadas opciones para elegir, por lo que se ven anonadados. Hay un exceso de información y una carencia de filtro.

En resumen, una vida más lenta, reflexiva y con menos estímulos podría ser la solución a los problemas de atención y aprendizaje.

¿Son los niños los enfermos, o la sociedad?

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