Por Francisco Armanet
15 diciembre, 2017

Doctores le dijeron que era demasiado joven y no la escucharon. Podría pasarle a cualquiera.

La joven australiana Nicole Yarran tenía 32 años cuando comenzó a sentir que su cuerpo ya no respondía como antes. Fueron cambios sutiles, pero que la llevaron a consultar por el problema en el hospital de su ciudad. No creyó que se tratara de nada grave, sin embargo, pensó en sus dos hijas y decidió que era necesario descartar cualquier enfermedad que pudiera impedirle cuidarlas como siempre lo había hecho. Hasta ese momento, los síntomas se reducían principalmente a náuseas, pérdida del apetito e hinchazón, pero el médico que la atendió fue convincente al decirle que no tenía nada de qué preocuparse. Luego de escucharla, estimó que no era necesario realizarle exámenes y le diagnosticó el Síndrome del Intestino Irritable (SII).

Health-Care Survivor

Aunque no completamente conforme con la resolución entregada por el doctor, Nicole regresó a casa y siguió las indicaciones que supuestamente eliminarían los síntomas y le devolverían la energía que hace poco tiempo había perdido. Pero luego de un par de semanas sin notar una mejoría, la joven madre buscó una segunda opinión en otro médico. Nuevamente, sin siquiera practicarle un ultrasonido ni realizarle análisis de sangre, el especialista indicó que Nicole era celíaca y por lo tanto modificó aspectos de su hábitos alimenticios.

Fue durante ese mismo tiempo que la mujer quedó embarazada de su tercer hijo y acudió al hospital para realizarse un chequeo rutinario. El especialista que le practicó la ecografía no pudo creerlo que vio en las imágenes.

Health-Care Survivor

Eran 8 tumores del tamaño de una pelota de golf cada uno, alojados en medio de su hígado e intestinos.

En la víspera de Navidad de 2015, a Nicole le diagnosticaron un cáncer al recto con metástasis. Tres días después comenzó un tratamiento que, lamentablemente, no daría los resultados que Nicole y sus hijos tanto necesitaban.

La enfermedad ya estaba demasiado ramificada dentro de su cuerpo.

Pero, aunque el diagnóstico era muy poco alentador, Nicole luchó valientemente y prolongó lo más que pudo su tiempo en este mundo. Vio nacer a su tercer hijo y alcanzó a criarlo por dos años. 

Health-Care Survivor

Sin embargo, el cáncer de pronto se volvió muy agresivo y el tratamiento dejó de surtir efecto. Pocos meses antes de cumplir 35 años, Nicole falleció en la cama del hospital. 

Health-Care Survivor

Hoy, la madre de Nicole y abuela de los hijos hace un llamado a los médicos y a los jóvenes en general.

“Si el doctor hubiera escuchado cuáles eran sus síntomas y hubiese pedido un hemograma completo, al menos lo habrían detectado en 2014, porque fue el embarazo el que activó el cáncer, alimentó literalmente los tumores”, dijo Kathy Narrier a The Independent.

“Nicole fue una luchadora durante su calvario, se enojaba al ver lágrimas, y sí, ocultó la mayor parte de su pronóstico, y cuando se hizo evidente, ya no había tiempo de hacer nada. Estoy pidiendo ayuda para compartir la historia de Nicole para que otras mujeres y hombres jóvenes conozcan sus cuerpos y sepan cuándo hay algo que anda malLuchen para pedir continuamente más pruebas, pidan segundas opiniones, porque si no, puede costarles literalmente la vida, y ninguna familia tiene por qué sufrir el dolor de perder a un miembro joven”, añadió.

Permitamos, al menos, que el caso de Nicole sirva para evitar que las negligencias sigan ocurriendo. Esto es responsabilidad de cada uno de nosotros.

Puede interesarte