Por Gillian Armstrong
20 marzo, 2017

Cuando llaman a la puerta, pues hay que abrirla.

Suele suceder que muchos de nosotros no nos sentimos lo suficientemente cómodos en cualquier baño. De hecho, somos capaces de esperar largas horas hasta llegar a nuestro cómodo W.C. y hacer nuestras necesidades sin tener que verle la cara a nadie al salir, o al menos, a alguien frente a quien nos podamos sentir avergonzados.

Y es que no hay nada como el baño propio, donde relajado puedes darte el tiempo necesario para hacer tus necesidades sin presión alguna. Es verdad, es lo máximo.

Pero no somos unas ratas que están todo el día en su hogar y, por lo mismo, en ocasiones nos dan ganas de hacer del “números dos” (número uno es pis) en el lugar menos indicado. Y bueno pues, aunque te cueste, deberás hacerlo igual o el impacto en tu cuerpo podría ser muy perjudicial para tu salud. Además, no la pasarás nada bien.

Para que lo sepas con mayor precisión te contamos lo que pasa con tu cuerpo a medida que van pasando las horas y tu dejas a tu popó atrapado sin salida.

Cuando pasan dos horas:

“En las primeras horas, sientes una sensación de presión abdominal. Algunas personas lo describen como cólicos abdominales, mientras que otras tienen más urgencia”.

Explica Nikel Sonpal, profesor clínico auxiliar en el Colegio Tuoro de Medicina Osteopática en Nueva York.

Claramente esta sensación no es nada cómoda, por lo que es preferible correr cualquier riesgo y liberarte a ir al baño en el lugar donde estés. Te sentirás aliviado y sin presiones.

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Cuando pasan seis horas:

“Aguantarte las heces empieza a tener un impacto en tu cuerpo”

Comenta Sonpal.

En este momento comienza a ser perjudicial para tu cuerpo. Si bien puede que ya no tengas ganas de defecar, el hecho de no ir al baño cuando tienes ganas provoca que sufras de estreñimiento, y que cuando después quieras usar el WC, sientas que te cuesta mucho expulsar lo que tienes dentro.

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Cuando pasan 12 horas:

Aquí sí que ha pasado un tiempo considerable. De hecho, esta situación puede darse cuando haces un largo viaje o pasas todo el día paseando. Esto además provocará que a estas alturas tu vientre esté abultado, generando una incómoda tensión, sangrado e incluso puede llevarte a que se te caigan unas lágrimas.

Así que te aconsejamos que dejes de sentirte atrapado a ti mismo y pares de retener lo que debe ser evacuado, la naturaleza lo dicta, o de lo contrario te verás en la situación de tener que tomar laxantes o bien dirigirte a un doctor para ayudar a sacar tu excremento de forma manual. Y claramente eso no lo queremos.

Libérate y cuida tu cuerpo, deja el pudor y entiende que vayas donde vayas, es sólo un baño y realmente no necesitas de un trono. Ya verás que al atreverte el relajo será impagable. 

¡No te arrepentirás!

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