Por Teresa Donoso
9 diciembre, 2016

“Hacia el fin de mi embarazo no me podía doblar, ni mover con facilidad, ni respirar. Sabía que en el momento en el que mi hija naciera seguiría siendo gorda así que me dije a mí misma que este era un punto de cambio y me prometí nunca más volver a estar tan pesada”.

Kassidy Linde de 25 años se convirtió en madre por primera vez durante el año pasado, sin embargo el período de gestación estuvo lejos de ser todo lo dulce que ella habría esperado. Debido a que antes de quedar embarazada ya sufría de sobrepeso los 28 kilos adicionales que le sumó a sus 88 kilos le trajeron múltiples problemas. Está de más decir que aquellos episodios fueron increíblemente traumáticos.

Con el nacimiento de su hija Harley, Kassidy encontró la motivación necesaria para comenzar a ejercitar lo que la llevó a perder casi 60 kilos y pasar de una talla 44 a una talla 34.

La mujer le aseguró al Daily Mail que todo había comenzado durante la secundaria ya que fue allí cuando comenzó a ganar peso. Sin embargo todo empeoró durante su embarazo y se sentía tan incómoda con su cuerpo que sabía que era hora de cambiar.

“Hacia el fin de mi embarazo no me podía doblar, ni mover con facilidad ni respirar. Sabía que en el momento en el que mi hija naciera seguiría siendo gorda así que me dije a mí misma que este era un punto de cambio y me prometí nunca más volver a estar tan pesada”.

Kassidy comenzó a pasar más tiempo en la cocina, preparando diferentes opciones más saludables. Pronto comenzó a ir al gimnasio entre tres a cinco veces por semanas, haciendo ejercicios cardiovasculares y, en ocasiones, trabajando con pesas y máquinas sus piernas.

Al comienzo probó dietas específicas, como la dieta Atkins que restringe los carbohidratos de forma dramática, pero finalmente terminó optando por comer de forma equilibrada y sana. Hoy en día come carnes blancas bajas en grasa, atún, queso bajo en grasas, almendras, carbohidratos complejos, frutas y vegetales.

Parte de su rutina:

Si bien perder todo el peso extra que tenía ha sido una experiencia positiva para ella, también ha sido doloroso debido a que recientemente le diagnosticaron artritis:

“Siento un dolor constante 24/7 y no me diagnosticaron la artritis hasta hace un par de meses atrás. Así que viví todo este viaje de perder peso con mucho dolor sin siquiera saber la razón. Simplemente me esforcé incluso en los días más difíciles”.

Bajar 60 kilos la ha cambiado tanto física como mentalmente y hoy en día se siente mucho más feliz:

“Ya no me siento insegura como antes, lo que hace que crea más en mí misma y eso te lleva a ser más feliz. Es sorprendente lo alegre que uno se vuelve cuando te amas a ti mismo”.

También añadió que la paciencia es clave:

“Es importante confiar en el proceso y ser paciente, los cambios no suceden de un día para otro. Todo toma tiempo, pero tú vales la pena”.

Parece ser que la ecuación sigue siendo la misma: paciencia, comida sana, suficientes calorías y preocuparse de trabajar la musculatura además de hacer algunas sesiones de cardio. Parece difícil, pero si ella pudo ¿cómo no vamos a poder nosotros?

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