Por Gillian Armstrong
20 Marzo, 2017

Y no, no es volviendo a las canchas bebiendo aún más alcohol (aunque lo quieras).

Suele pasar que un día nos vamos de fiesta, la cosa se pone buena y no logramos medirnos con el alcohol.  Muchas veces terminamos siendo imprudentes con nuestros actos, haciendo cosas que sobrios no haríamos o dando un vergonzoso espectáculo. Son varios los que culpan al alcohol de muchos problemas y bueno, a veces de cosas buenas también, como cuando nos declaramos a quien nunca nos atrevimos.

La personalidad que (a algunos) nos genera esta bebida nos hace sentir más poderosos, eufóricos y con latidos que aumentan considerablemente. Y cuando nos dejamos llevar, la pasamos bastante bien. Aunque en muchas ocasiones no recordemos lo que sucedió, nos despertamos con ese gustito de que se pasó “bomba” y que “lo comido y lo bailado no te lo quita nadie”. 

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El alcohol: un amigo en la noche pero lo peor en el día, ya que cuando despiertas en la mañana no son sólo dolores físicos lo que sientes, sino que en muchas oportunidades esto viene acompañado de una sensación de ansiedad, un estado deprimente y agobiante que se expande a lo largo del día. A esto se le llama la “resaca moral”.

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Incluso cuando no hayamos hecho nada de lo que nos debamos arrepentir, nos sentimos tristes, con la autoestima baja, sentimiento de culpabilidad y no sabemos cómo detenerlo. Sabemos que no somos así. Pero nos sentimos tristes y puede ser un momento realmente desgastante mentalmente, tal como desgastaste tu cuerpo el día anterior.

¿Por qué sucede esto?

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Bueno, y es que los efectos del alcohol también influyen en nuestro sistema nervioso y en particular en nuestra corteza cerebral, liberando unas sustancias por las cuales se siente una sensación de bienestar, desinhibición, relajación y euforia.

Cuando esta liberación de sustancias se produce en un periodo prolongado, el sistema nervioso tiende a compensar y frena la liberación de dichas sustancias.

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Una cosa por otra. Todo tu organismo se ve forzado a volver a un equilibrio que tras el exceso debe llegar también al otro extremo para después normalizar todo. La naturaleza es muy sabia y en nuestro cuerpo también y en la resaca es cuando los efectos son más fuertes, lo que hace que los sentimientos sean mucho más intensos en este período.

Si eres una persona con depresión puedes llegar a sentirte atrapado, ya que después de la euforia y deshinibición entras a este sistema compensatorio que transforma todo en un círculo vicioso.

Además, el momento de la resaca genera un fuerte impacto en los físico. El estómago se irrita, aumenta el ritmo cardíaco y disminuyen los niveles de azúcar. Todo esto acompañado de los fuertes dolores de cabeza y los posibles problemas que puede traer a tu riñón, entre otros órganos.

Pero si te gusta la joda y aún así sabes que seguirás yéndote de fiesta de una manera intensa, hay algo que podría ayudarte a evadir parte de los efectos depresivos del día siguiente.

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Además de recuperarnos físicamente hidratándonos y aliviando los otros malestares, debemos propiciar y reducir estos efectos compensatorios de inhibición.

¿Cómo?

Podemos hacer actividades que nos ayuden a volver a los niveles normales, como hacer ejercicio ligero, lo que ayuda a que el sistema nervioso pueda reponerse más fácil. 

Si aún sientes los síntomas físicos de la resaca, se recomienda entonces no hacer movimientos bruscos hasta que el malestar se alivie.

Realizar actividades placenteras o que propicien sensaciones de bienestar son buenos tips para evadir estas sensaciones y nos sentiremos mucho mejor de manera más rápida.

Así que ya sabes, cuando sientas que tu ánimo está por suelo y los pensamientos de culpa y depresión te invadan, distráete haciendo cosas que te ayuden a sentirte bien. Por mucho que lo único que quieras es quedarte pegado en la cama todo el día, levanta ese trasero y procura disfrutar tu día. El tiempo es poco y siempre hay que vivir los días como si fueran los últimos.  

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