Por Constanza Suárez
27 abril, 2018

Y amputar fue la única solución.

Un día de octubre del 2012, Joy Arcilla notó un pequeño bulto en su bíceps izquierdo. En un principio, pensó que se trataba de una simple picadura de mosquito. Pero se trataba de algo muchísimo más complicado.

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Pasaron los días y la marca continuaba creciendo. Entonces la chica de 16 años de Filipinas, obtuvo un diagnóstico aterrador: Sarcoma de Ewing, es decir cáncer de hueso o tejido blando.

En el 2013, los médicos aseguraron a Joy que el cáncer se había curado. Pero un año después, lamentablemente volvió, obligando a la chica a enfrentar 17 rondas de extenuante quimioterapia.

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Pero Joy fue incapaz de soportar los efectos del tratamiento, entonces lo detuvo, provocando que la masa creciera aún más. Probó medicamentos alternativos y cambió su dieta, pero fue en vano. El tumor regresó 4 veces más. Y el tamaño de la masa, se disparó.

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Entonces tomó una decisión drástica: amputar su brazo izquierdo en el 2017. “Estaba triste, pero esto tenía que hacerse para evitar que el cáncer se extendiera a otras partes de mi cuerpo”, contó Joy al portal británico Daily Mail.

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Fue difícil pero ella dice que gracias a esta decisión, finalmente puede dejar atrás la enfermedad. Y si bien, durante el tratamiento dejó la universidad, recientemente volvió para adquirir una Licenciatura en Ciencias en Administración de Empresas.

“Hubo momentos cuando estaba deprimido. Pero con el amor y el apoyo de la familia lo logré. La inspiración para mí fue ver a otros niños en el hospital, todavía felices y riendo con sonrisas en sus rostros”, confesó Joy.

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