Por Katherine Gallardo
13 Julio, 2017

Es la escalofriante y cruda historia de la pareja de asesinos más jóvenes de Reino Unido.

La joven de 14 años Kim Edwards y su novio, Lucas Markham, fueron condenados a cadena perpetua por el asesinato de la madre y la hermana de Kim. La historia apareció originalmente en Vice y remece por lo crudo y premeditado del crimen.

El 11 de abril de 2016, Lucas Markham, de 14 años, se dirigió a la casa de su novia Kim. En la mochila llevaba cuatro cuchillos de cocina. Tocó la ventana del baño y le preguntó a Kim si estaba segura de lo que iba a hacer. Ella asintió. Mientras lo esperaba en el baño, Lucas caminó hasta el dormitorio de Liz, la madre de Kim, de 49 años. No la despertó, sólo comenzó a darle puñaladas. Las dos primeras seccionaron casi por completo la tráquea de la mujer, quien se despertó e intentó defenderse.

Lucas fue más fuerte. Continuó y le propinó otras cinco puñaladas en las manos. Luego, se subió encima de ella y comenzó a asfixiarla con una almohada. En ese momento, Kim entró en la ensangrentada habitación.  Lucas le ordenó que cerrara la puerta.

La joven se acercó a la cama y tomó la mano desesperada de su madre mientras seguía forcejeando con Lucas. “Tenía la mano estirada y se la tomé, pero luego la solté inmediatamente. Recordé que era mi madre. Me acurruqué en el suelo, junto a la puerta y creí tener un ataque pánico. Empecé a caminar de un lado a otro intentando calmarme, ya que todo acabaría pronto. Luego de 10 minutos, finalmente murió. Se resistió, pero cuando oí un gorgoteo de sangre, creo que pregunté si ya estaba muerta”, declaró Kim a la policía cuando la tomaron detenida.

Lucas le buscó el pulso a Liz y luego de asegurarse que realmente había fallecido, se dirigió junto a Kim a la habitación de al lado. Ahí era donde Kim solía dormir con Katie, su hermana de 13 años. Lucas repitió la misma escena, apuñalando a Katie repetidamente en la garganta y luego asfixiándola con una almohada. Kim recuerda las últimas palabras de su hermana: “No puedo…”, gritó, “con una voz que daba miedo… como muy rasgada”, contó.

Al terminar, la pareja se dio un baño para limpiar las manchas de sangre. Cuando terminaron, arrastraron el colchón de Kim al piso de abajo. Lo dejaron frente al televisor, comieron galletas con té y helado, tuvieron sexo y vieron tres películas de Crepúsculo seguidas.

Los jóvenes habían acordado suicidarse a las dos de la tarde del día siguiente. Kim dejó lista una nota que decía: “Quiero que se esparzan mis cenizas y las de Lucas en nuestro lugar especial. De parte de Lucas y Kim. Ya no nos importa nada una mierda”. Sin embargo, cuando llegó la hora acordada, cambiaron de idea y prefirieron ver una cuarta entrega de la saga Crepúsculo.

Estuvieron 36 horas encerrados en la casa cuando la policía, alertada por los profesores de su colegio debido a su inasistencia, entraron a la fuerza a través de una ventana del piso de abajo y encontró a la pareja en el living. Le preguntaron a Kim dónde estaba su madre. “Arriba”, dijo. También le preguntaron a Lucas qué le había pasado a la mujer. “¿Por qué no suben y lo ven?”, repuso.

La razón por la justificaron su crimen destaca por la banalidad. Kim creía que su hermana, Katie, era la favorita de su madre. Aseguraba que “acaparaba toda la atención”. Cuando Kim tenía ocho años, en una discusión, su madre perdió los estribos y la golpeó en la mandíbula. A partir de aquel episodio, las hermanas quedaron bajo la tutela de una familia de acogida durante cuatro meses. Cuando volvieron con Liz, las desavenencias entre Kim y ella no cesaron. El sábado antes de los asesinatos, habían discutido porque Liz se negaba a dejar que Kim fuera a ver a su padre, Peter Edwards.

“Lucas odia verme disgustada, y por eso tampoco le caían bien ni mi madre ni mi hermana. Me deshice de la razón principal por la que me sentía deprimida: mi madre. Fue un alivio”, confesó Kim a los detectives.

Ambos se conocieron en septiembre de 2013, cuando Lucas fue castigado por lanzar una silla por los aires en clase. Fueron amigos hasta que el 23 de mayo de 2015, Lucas invitó a Kim a salir por Facebook. Siempre se veía envuelto en peleas en el colegio, y en el momento de cometer los asesinatos, había sido expulsado por mal comportamiento. Planearon el asesinato juntos, en el jardín de la casa de Kim y en un McDonald’s que había a 15 minutos caminando. “Ya llevaba tiempo con la idea de asesinarlas rondándome por la cabeza”, declaró Kim a la policía.

La psicóloga infantil Alice Jones, especialista en el desarrollo de comportamientos antisociales y psicopatías en menores asegura que los niños que cometen homicidios suelen mostrar un patrón de conducta violenta incluso antes de cometer el asesinato. Además, considera que existen una serie de señales que indican que en un caso extremo, terminará por llevándose a cabo y que la rehabilitación es muy difícil. “En general, a los niños que muestran estos rasgos no les resulta fácil cambiar su conducta. Uno no puede hacerlos sentir empatía por los demás. Es algo biológico. Cuando no sientes miedo ni tristeza, ¿cómo vas a entender esos sentimientos en los demás?”, agrega.

En noviembre de 2016, Lucas Markham y Kim Edwards fueron condenados a cadena perpetua. El juez que instruía el caso, Justice Haddon, remarcó el poco arrepentimiento que demostraron los acusados y el grado de planificación con el que se llevó a cabo. “La forma de ejecutar los asesinatos denota una brutalidad extrema, y ambas víctimas debieron de haber sufrido lo indecible durante sus últimos minutos de vida”, declaró.

Por otra parte, Carol Anne Davis, autora del libro Children Who Kill, señala casos como los de Mary Bell y Bernadette Protti como prueba de que, en determinadas ocasiones, es posible rehabilitar a los adultos que en la infancia han cometido asesinatos. “Lucas y Kim solo tenían 14 años cuando lo hicieron. Sus cerebros todavía tienen que madurar. Gran parte de esto dependerá de las relaciones que establezcan durante sus años de reclusión; una figura que se preocupe por ellos podría suponer una diferencia de incalculable valor”, afirma.

Al margen de lo que pase, Lucas y Kim —que ahora tienen 15 años— deberán acarrear el peso de dos horribles asesinatos durante el resto de sus vidas, al igual que sus familiares y amigos. Peter Edwards, el padre de Kim, compró la sepultura de Katie y también la que está a su lado. Luego, fue testigo de cómo una de sus hijas fue condenada a prisión por el asesinato de la otra y su ex mujer. “Debo decir que ahora soy dueño del lugar en el que estoy deseando descansar cuando llegue el momento”, escribió en Facebook.

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