Por Josefina Pizarro
16 Junio, 2017

“Fui violada cada noche por hombres diferentes durante ocho meses, hasta que me eligieron para una misión de suicidio en la ciudad de Kukara”.

Para darle un contexto a la situación antes de entrar en una de las historias más dolorosas y escalofriantes que me ha tocado escribir, hay que conocer a “Boko Haram“. Este es el nombre que recibe el grupo terrorista de carácter fundamentalista islámico activo en Nigeria, Camerún, Chad, Níger y Malí.

Es una organización que apoya absolutamente el terrorismo contra la población civil, usando medios violentos y coactivos en la persecución de sus objetivos político-religiosos. De hecho, desde 2015 afirmó que se adhería al Estado Islámico, donde se han empezado a referir a ellos mismos como “Provincia de África Occidental”.

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El periodista Alberto Rojas, enviado especial de “El Mundo”, viajó a Chad y descubrió los horrores que allí se vivían, donde las mujeres sufren un cruel y horrible destino para convertirse en terroristas suicidas.

En las provincias donde tienen el terrorismo en sus caras, saben que el mejor remedio contra aquel mal es la educación. Pero educar también es algo que peligra cada día, pues desde ahí es donde la mayoría de las mujeres son secuestradas por la secta.

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De hecho, el 14 de abril de 2014 secuestraron a más de 276 chicas de una escuelita, y aún hasta hoy, se calcula que quedan cautivas 196.

¿Qué pasa con estas chicas? Pues tienen la “enorme fortuna”, según el periodista, de elegir dos opciones: casarse con los militantes o ser futuras niñas-bomba.

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Hassan, de 14 años y que estuvo secuestrado por un año y que consiguió escapar, lo confirma:

“Los militantes preguntaban a las recién secuestradas si querían casarse con ellos. Los comandantes tienen varias esposas, pero quieren más. Las chicas están atemorizadas y muchas dicen que sí, pero otras son valientes y se niegan. A ellas nadie las fuerza. Sólo les cambian el color de la abaya (la túnica islámica femenina) para distinguirlas de todas las demás”.

¿Para qué las cambian? Para transformarlas en bombas.

Es en ese momento que se inicia el “rito” que tiene mentiras, amenazas y hasta ensayos para que la pequeña esté “lista” para cumplir su misión: mientras más gente pueda acercar a ella y matar, mejor.

Se supone que, según ellos, las mujeres son mejores que los hombres porque bajo sus vestimentas es más fácil esconder explosivos (El 80%  lo son) aunque también han probado con niños. Otra de las cosas que les agrada es que mientras más joven, mejor.

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Han llegado a usar niñas de 7 y 8 años.

Y entre 2014 y 2015, más de 2.000 mujeres y niñas han sido secuestradas.

¿Los argumentos que le dan a estas niñas? “Irás al paraíso”, “No te preocupes, ellos no son verdaderos musulmanes”, y así.

Siguiendo al periodista, hay seis niveles de “entrenamiento” para las niñas-bomba, que incluye enseñarles a las víctimas a caminar con los chalecos sin llamar la atención o como asesinar de una puñalada en el cuello para que la víctima muera cuanto antes.

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Nayat, una chica de 17 años y que logró escapar, cuenta que un miembro de la horrible secta le pidió 3 veces casarse, y que al negarse la seleccionó para explotarse en un mercado.

Lo más común es drogarlas la noche anterior, le pintan tatuajes con henna en las mano y les ponen las ropas más lujosas que encuentren. Así reciben el ritual que se les da a los muertos antes de que los están.

Ellos además secuestran a sus padres y los matan para que se “encuentren en el paraíso”.

Susanna, otra chica que consiguió escapar, dijo lo que le sucedió al negarse en convertirse en “concubina” de un militar:

Fui violada cada noche por hombres diferentes durante ocho meses. Hasta que me eligieron para una misión de suicidio en la ciudad de Kukara. Aunque me prepararon, nunca quise hacerlo. Cuando vi a los soldados en un checkpoint a los que tenía que dirigirme, les grité que llevaba algo rodeando mi pecho. Me subí la vestimenta para que pudieran verlo y comencé a llorar”.

Los militares desactivaron la bomba, se la quitaron y entró en un programa de recuperación psicológica.

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Al violarlas, no sólo es con intención sexual, sino demográfica e ideológica: Si las dejan embarazadas, las niñas crean un vícnulo con ellos y preparan la llegada de una nueva generación de militantes que caerán en las garras del yihadismo desde niños.

Todos están desconfiados, cualquier niña puede ser una bomba, pero ellas no son el problema, son las víctimas de una cruel y violenta sociedad que no las deja hacer algo tan sencillo como estudiar, sonreír, vivir.

Horrores se viven en el otro lado del mundo, donde niñas son obligadas a crecer demasiado rápido, donde las violan, donde les enseñan a asesinar, todo por una “mayor gloria en el paraíso”.

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¿De qué paraíso me están hablando? En ningún paraíso, en ningún lugar que hagan a niños bombas para matar al mayor número de personas es bueno. Es todo lo contrario.

Es lo más cruel visto jamás.

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