Por Daniela Morano
13 junio, 2017

ADVERTENCIA: Las siguientes imágenes podrían herir la sensibilidad de algunas personas.

Isabella Innis es una joven estadounidense que viajó a Uganda para hacer voluntariado en el hospital Mulago perteneciente al gobierno en la ciudad de Kampala. Fue en ese lugar donde se encontró con George, un niño de 12 años que llegó de urgencias al hospital un día junto a su hermano.

Habían viajado desde una aldea a las afueras de la ciudad, con George sostenido de su hermano en moto durante cuatro horas.

Isabella Innis

La situación era alarmante. El niño sufría de fiebre tifoidea pero menos mal los médicos pudieron actuar rápidamente y lo salvaron, no así a su hermano, quien murió sólo unas horas más tarde.

Isabella Innis

“Como en muchas aldeas de Uganda, George no tenía acceso a agua potable, y así contrajo fiebre tifoidea. Honestamente, era muy grave, y el proceso de recuperación muy largo. Fueron tres meses de recuperación lo que nos acercó,” contó Isabella.

George tuvo que ser operado, lo que dejó enormes cicatrices en su cuerpo. “Cuando por fin regresó a casa, me pidieron ayudan. Agua potable, decían”.

Isabella Innis

Su voluntariado terminó una vez que regresó a Estados Unidos. Pero nunca olvidó lo que pasó con George y su familia. Ese tiempo con ellos, transformó completamente su visión del mundo.

Isabella Innis

“Vengo de un lugar donde hay piscinas y camas, pero no encuentran una razón para sonreír. George y su familia y sus vecinos, duermes en el barro. Pero aún así ellos y su gente sonríen todo el día por algo tan simple como el agua. Agua limpia. Sólo eso piden, y eso es lo que nos unió,” continuó.

Isabella Innis

Fue todo un éxito. Lograron llevar agua potable a la aldea de George, demostrando que con suficiente motivación es posible mejorar la vida de otras personas sin esperar nada a cambio.

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