Por Diego Cid
4 agosto, 2017

ADVERTENCIA: Las siguientes imágenes podrían herir la sensibilidad de algunas personas.

No se vio sorprendida cuando, por primera vez, aparecía un punto rojo en su nariz. Todo cambió para Marisha Dotson, una estudiante de 28 años de Knoxville, Tennessee, Estados Unidos, cuando dicho punto se transformó en un grano, duplicó su tamaño y comenzó a doler, enfermándole por los siguientes tres años.

Ya era tarde, el cáncer se estaba expandiendo rápidamente por su nariz y mentón, culminando en una intensa batalla que acabó con partes de su mandíbula, ocho dientes, parte de su nariz y que le dejó comiendo exclusivamente con la ayuda de un implante dental.

Caters News Agency
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Aunque los resultados fueron bastante dañinos después de la cirugía que tomó 15 horas, ella no quería dejar que el cáncer que le afectaba, un Carcinoma espinocelular, le quitara las ganas de vivir.

Entonces atacó por segunda vez. Esta vez, el riesgo mortal acabó con parte de su mejilla, labio superior y, una vez más, su nariz. Sólo existía un 20% de probabilidades de que no falleciese en su lucha.

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Eso fue hace tres meses. Ahora está limpia de la enfermedad y está enfocada en compartir su historia con otras personas que se encuentran combatiendo este mal, con el fin de alimentar el valor necesario para que salgan adelante.

“Me gané estas cicatrices y debería estar orgullosa de ellas, porque son registro de mi voluntad por vivir, la sangre, el sudor y lágrimas que derrame para sobrevivir”.

Marisha Dotson.

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Marisha, que perdió a su madre a los 16 años, agradece a los doctores que le salvaron la vida. Muchos de ellos trabajaron por el honorario mínimo para que pudiese conseguir el tratamiento necesario.

Lamentablemente, terminó de todas formas con dolorosas cuentas medicas que pagar y aún espera un implante permanente en su boca. Es por eso que hoy maneja un foundrise que le permitirá salir adelante.

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