Por Catalina Yob
13 septiembre, 2017

Sólo los judíos que tenían mayor rango podían acceder a uno de los sectores privilegiados al interior de los campos de concentración, lugares que poseían reglas sobre cómo realizar los actos sexuales.

Más de 20 millones de vidas inocentes encontraron su muerte en los años 1939 y 1945, época que hoy se conoce como el Holocausto o simplemente exterminio judío. A pesar de que no existen numerosos registros audiovisuales de uno de los períodos más oscuros de la humanidad, las películas y libros han logrado retratar e ilustrar fielmente el horror que vivieron quienes fueron trasladados a los campos de concentración.

Además de la tortura indiscriminada que se instauró al interior de los campos de concentración, existía un espacio en el cual se cometían las mismas atrocidades que eran perpetradas alrededor. Éste alude al lugar en donde más de 500 mujeres fueron obligadas a permanecer, y en donde fueron violadas repetidamente y durante las 24 horas del día.

Más conocidas como esclavas sexuales, estas mujeres eran usadas como una suerte de fuente de motivación para los judíos que tenían mejor conducta, los cuales día tras días debían soportar los malos tratos por parte de los soldados alemanes. En la primera fase de la Segunda Guerra Mundial los burdeles eran utilizados por los soldados nazis, mientras que en la segunda y tras darse cuenta que se trataba de un negocio rentable, los judíos fueron los clientes.

 

Autor desconocido, ayúdanos a encontrarlo
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Este tipo de incentivo se instaló a mediados de 1942 y se dirigía a aquellos judíos que mostraban mejor conducta que los demás, lo que se traducía en una mayor categoría y en un pequeño salario otorgado por los jefes de los campos. Los presos podían gastar el dinero en comida, cigarrillos y en el aclamado burdel que se encontraba en el recinto. 

 

A pesar de que las mujeres recibían un trato distinto al de las presas judías, éstas eran sometidas a abusos sexuales de forma permanente. Los 15 minutos alcanzaban los 3 marcos, en los cuales los judíos podían mantener relaciones sexuales con las mujeres, quienes en muchas ocasiones eran ellas mismas quienes se ofrecían, ya que el burdel era una de las pocas formas que existían para sobrevivir, según cuenta Frau W, una de las sobrevivientes.

“Nos dijeron que estábamos en el prostíbulo, que éramos afortunadas. Que volveríamos a comer bien y tener suficiente agua. Si nos comportábamos y cumplíamos nuestros deberes, no nos pasaría nada.”

 

Autor desconocido, ayúdanos a encontrarlo
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Si las mujeres quedaban embarazadas eran castigadas y sometidas de forma inmediata a un aborto al interior del campo de concentración, lugar en donde muchas veces se quedaban tras cometer la falta de quedar embarazada. Frau W. reveló que un día recibió más de 12 hombres en tan sólo dos horas, actos que fueron observados de cerca por los guardias, quienes sólo se reían. 

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