Por Pamela Silva
3 agosto, 2017

Y ahora está libre.

Hay dos tipos de asesinos: Los que sienten culpa por sus acciones y los que no tienen ningún tipo de remordimiento por lo que han hecho. Estos últimos entran dentro de la categoría de los psicópatas.

Los psicópatas son personas que mienten, manipulan y sobre todo, pueden cometer actos de crueldad sin remordimiento. No es un tema de crianza, sino que se debe a rasgos genéticos que vienen predefinidos.

De hecho, psicólogos del University College London de Inglaterra hicieron un estudio que reveló que uno de cada cien niños tienen rasgos psicóticos.

Mary Bell fue una de esas niñas.

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En 1968, cuando Mary tenía 11 años, fue encontrada culpable del asesinato y mutilación de dos niños de tres.

Mary nació cuando su madre, Betty, tenía apenas 16 años. La mujer se dedicaba al comercio sexual, no quería un hijo y nunca cuidó de la pequeña.

Lo único para lo que sirvió Mary, en perspectiva de Betty, era para ser parte del “negocio familiar”. Así desde que la niña cumplió cuatro años la hizo participar como observante de los actos sexuales que realizaba.

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Y a los ocho años vendió la virgnidad de la niña, para luego obligarla a prostituirse regularmente.

La forma que Mary tenía de desquitarse por los abusos de su madre, era torturando animales de la calle, pero pronto eso dejó de ser suficiente.

A los 11 años cometió su primer asesinato, Martin Brown era hijo de los vecinos de Mary a quien la niña afisxió y luego golpeó con un objeto contundente. Dos meses después, Mary volvió a hacerlo, esta vez en compañía de su amiga Norma. La víctima fue Brian Howe, de tres años.

A él también lo extranguló, pero además con una navaja marcó sus iniciales -MB- en su vientre y con una tijera cortó su cabello y genitales.

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Norma trató de que la niña se detuviera, pero no le hizo caso. Su testimonio fue crucial para comprender los crímenes de Mary.

Cuando la detuvieron, le hicieron exámenes psicológicos que revelaron sus rasgos psicóticos por lo que su crimen fue catalogado como “homicidio involuntario”, derivándola a un centro educativo.

A los 23 años, la ahora mujer fue liberada de su condena de cadena perpetua. Las familias de los dos niños asesinados siempre mostraron rechazo contra la medida, sobre todo porque años después Mary publicó un libro sobre el caso y ganó mucho dinero.

Hoy sólo se sabe que es abuela, pero se desconoce su paradero actual.

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