Por Catalina Yob
6 Julio, 2017

La mujer dio a conocer sus sospechas pero nadie le prestó atención.

De un día para otro, Mireya de Ciudad de México comenzó a notar un cambio de comportamiento en sus dos hijos. A pesar de que intentó buscar alguna explicación coherente a la situación, la mujer falló. No fue hasta que decidió concurrir a un especialista junto a sus hijos, quien tras la realización de un par de exámenes confirmó el horror.

Sus hijos no podían controlar sus esfínteres, tenían pesadillas a diario y lloraban a menudo. Estos fueron los primeros síntomas que los menores demostraron luego de que su padre Leopoldo, quien se encontraba separado de Mireya, abusara sexualmente de ambos.

La madre denunció el escabroso hecho, sin embargo ni la policía, ni la entidad encargada de lidiar con este tipo de acusaciones le prestó atención. La investigación avanzó y dio como resultado la pérdida de tuición de sus hijos, a pesar de que las propias víctimas entregaron indicios de abuso. Uno de sus hijos le dijo que su padre usaba una máscara cuando se acercaba hasta su habitación a realizar el delito.

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Aún cuando existía evidencia física del abuso, las autoridades sospecharon de las declaraciones de la madre, por lo que tomaron la fatídica decisión de quitarle la tuición de sus hijos.

Ante la desesperación y la impotencia de que su versión de los hechos fuera desmentida una y otra vez, Mireya tomó la decisión de quitarse la vida. El pasado 7 de junio envenenó a sus cuatro hijos y a sus padres, de los cuales sólo la madre sobrevivió.

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La madre preparó una bebida de chocolate con múltiples medicamentos, los cuales le provocaron la muerte a sus cuatro hijos, a su padre y posteriormente a ella. El siniestro ocurrió cuando faltaban pocos días para que la resolución del juez sobre la tuición de los menores se pusiera en práctica.

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