Por Lucas Rodríguez
14 noviembre, 2019

El huracán tuvo una enorme fuerza y causó mucha destrucción. Pero el instinto animal es más fuerte que cualquier cosa.

Por mucho que las personas creamos que nuestro ingenio y creatividad, aplicados al ámbito ingenieril, pueden dar por resultados increíbles máquinas, poderosos puentes o incluso, naves voladoras capaces de salir de órbita, nunca vamos a ser capaces de superar la capacidad de creación de la naturaleza. No solo estamos hablando del diseño natural en sus representaciones más finas y elegantes, como la perfección de una rosa, sino que también en las fuerzas del clima. Un fenómeno como la explosión de un volcán puede que sea un verdadero desastre natural, pero también es una muestra de fuerza y destrucción controlada digna de admiración. 

Algo similar podemos decir de los huracanes. Vientos de varias millas de velocidad, sumados a lluvias torrenciales y aumentos en el nivel del mar, no pueden ser otra cosa más que la tierra y el aire nivelando el territorio para seguir dejando la pista despejada para las obras de creación de la naturaleza.

Paula D. O’Malley

El huracán Dorian fue el último de esta clase en azotar las costas y tierra de los Estados Unidos. Fue de una fuerza y magnitud enorme, causando enormes destrozos. El proceso para recuperar lo perdido y convertir la tragedia en una oportunidad para empezar de nuevo ya comenzó, empujado con historias como las de las tres vacas.

Uno cree que los bovinos no suelen prestar mucha atención a su alrededor, pero eso es porque saben que lo tienen todo controlado. Las vacas son las últimas cínicas del mundo. Saben que no importa lo que hagan, el final está escrito. Esta aterradora perspectiva debe haber sido la que ayudó a estos tres especímenes a sobrevivir sin importar la dificultad.

Rhonda Hunter

La historia de las tres vacas en cuestión que contó el NY Times fueron divisadas en una playa de Carolina del Norte, uno de los estados que fueron azotados con mayor furia por Dorian. Muchos bovinos fueron tomados por los temibles vientos, desapareciendo cuando el desastre se hubo aclarado. Pero estos tres no se iban a ir sin luchar. 

Los expertos creen que las vacas debieron nadar varias millas, teniendo en cuenta que es casi seguro que el huracán las llevó hacia altamar, dejándolas varadas a bastante lejos de cualquier playa. Pero como dije antes, las vacas no le temen a nada. Simplemente suspiraron y comenzaron a nadar. Un par de horas después, estaban de regreso en tierra firme.

Public Domain

Aprendamos la lección: los que se ven más calmos, es porque saben cómo reaccionar a cualquier situación.

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