Por Predeterminado del sitio
16 noviembre, 2015

Emma es un maravilloso ejemplo de que los animales tienen conciencia y emociones.

Cuando esta granja lechera de Alemania quebró, su dueño no tuvo otra opción que vender a las últimas 20 vacas que le quedaban, para recuperar algo de dinero y sobrevivir por un tiempo. Como se podrán estar imaginando, el destino de las vacas era el matadero. Sin embargo, un grupo de defensores de los animales se interpuso, causó una gran movilización, y finalmente logró que el granjero entrara en razón y construyera un santuario en el mismo terreno con la ayuda de ellos.

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Una historia con final feliz, pero de la que aún no conoces la parte más impresionante. Y es que una de las vacas, la adorable Emma, cuando se tuvo que subir al camión que la llevaría al matadero, comenzó a llorar. Sus ojos estaban muy abiertos y vidriosos, su respiración agitada y una lágrima caía por su mejilla. Ella simplemente tenía el presentimiento de que alejarse de su hogar tendría consecuencias negativas. 

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Una imagen que vuelve a demostrar que los animales tienen conciencia y emociones (un equipo de neurocientíficos de la Universidad de Cambridge lo había demostrado el año 2012). Una imagen que demuestra que aún estamos a tiempo de hacer cambios en nuestra vida para que la de ellos sea mejor. 

¿Quieres conocer un poco más de cerca a Emma y los positivos cambios en su hogar? Entonces pon atención al video que compartimos a continuación:

httpv://youtu.be/e1kI1aNgM8U

¿Qué te pareció la historia de Emma? ¿Si tuvieses los recursos, crearías un santuario para animales?

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