Por Constanza Suárez
17 enero, 2020

Robert Wyatt solo quería acariciar un gatito y su hija llevó uno robot por su seguridad. Sus últimas dos semanas estuvieron llenas de felicidad.

A lo largo de sus 88 años de vida, Robert Wyatt adoptó docenas de gatos. Incluso en un momento 9 vivían en su casa al mismo tiempo. Es realmente un amante de los gatitos.

Hace diez años, le diagnosticaron demencia con cuerpos de Lewy, una forma de la afección causada por depósitos anormales de proteínas en el cerebro, y en agosto del año pasado, fue hospitalizado permanentemente. También tenía enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) e insuficiencia cardíaca congestiva y necesitaba atención las 24 horas en el Centro de Salud Regional Peterborough en Peterborough, Ontario.

Cheryl Yates

Al anciano definitivamente no le quedaba mucho tiempo, así que le dijo a su hija Cheryl Yates, de 61 años, que su último deseo era volver a tener un gato. 

Después de años de vivir con gatos, una de las cosas que más extrañaba era tener una mascota.

Cheryl Yates

Cheryl quería ver feliz a su padre, por lo que quiso cumplir su deseo dos semanas antes que muriera. Pero como era peligroso contar con un gato real, prefirió llevar uno robot. 

El juguete se siente y actúa como un gato real. Fue diseñado por Joy For All Cats para brindar compañía y comodidad a las personas mayores con demencia. Robert llamó al suyo Buddly y estaba convencido de que era real.

Cheryl Yates

Robert abrazó a su nuevo amigo hasta que falleció naturalmente. El gatito seguía en sus brazos cuando dejó este mundo. 

“Mi papá ha estado pidiendo un gato desde que ingresó en el hospital, siempre tuvo gatos. En un momento tenía nueve viviendo con ellos, los amaba mucho. Me dijo una y otra vez cuánto extrañaba a sus gatos y que quería que un gatito se acostara nuevamente desde que se mudó al hospital en agosto del año pasado”, dijo Cheryl a Metro UK.

Cheryl Yates

“Estoy tan feliz de haberle comprado a mi papá ese gatito robótico; su reacción al regalo fue invaluable”, agregó.

El anciano estaba realmente feliz. Nunca soltó a Buddy.

Cheryl Yates

Robert tenía cuatro hijos biológicos, incluidos Cheryl, cuatro hijastros, 12 nietos, cinco bisnietos y dos tataranietos. Trabajó como gerente de repuestos y envíos y vivió con su esposa Beth, quien lo ayudó a cuidar a innumerables felinos callejeros hasta que falleció en 2008.

Con los gatos siendo una parte tan importante de su vida, Cheryl sabía que la mascota robótica significaría mucho para él. 

 

 

 

 

 

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