Por Daniela Morano
8 abril, 2019

No se dio cuenta de que era un hospital de humanos hasta que llegó. Sólo le importaba salvar a su amigo.

Sea en una gran ciudad o en un pequeño pueblo, es difícil encontrar clínicas veterinarias abiertas 24/7. En general funcionan en los horarios que funciona cualquier otro local, por lo que si la mascota de uno tiene alguna emergencia es fácil estresarse y pensar que es el fin. Menos mal existen los hospitales de humanos.

De lo contrario, este abuelo no habría podido salvar a su perrito. Llegó desesperado a un hospital de Puebla, México, cargando en una mochila a un pequeño perro que agonizaba en sus brazos. Era tal su desesperación que ni pensó en que el hospital era sólo para humanos, y les insistió en que lo ayudaran lo más pronto posible.

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En un comienzo los doctores se mostraron reticentes pero no podían negarle la ayuda a un ser vivo. “Tiene diarrea, está desguanzado, no quiere comer, apenas toma agua, se queja bajito y está muy tristito”, dijo el señor cuando por fin aceptaron darle una mano.

Al parecer el perrito se encontraba deshidratado y tenía una infección que le estaba causando mucho malestar, pero nada muy grave. Pronto se pondría bien.

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Al señor nada le importaba más que ver a su amigo bien, y los médicos le dijeron que si continuaba con sus síntomas, lo trajera de regreso. Por ahora, no quedaba más opción que darle sus medicamentos y tenerle un ojo encima para asegurarse que mejorara.

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Finalmente, el señor tomó a su perro en brazos y se fueron a casa, felices de recibir la ayuda de médicos tan comprometidos con su trabajo.

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