Por Constanza Suárez
2 enero, 2019

La joven llamó al animalito y él notó su miedo. Gruñó y ladró para alejar al hombre.

El acoso sexual es una experiencia terrible para cualquiera. Lamentablemente, es más frecuente de lo que pensamos. Cuando alguien te salva de sufrirlo, es como un ángel caído del cielo, porque cuando estás en medio de esa situación, probablemente te congeles del miedo. Y no todos los héroes usan capas, algunos menean sus colas y lanzan ladridos.

Una joven, que prefirió mantenerse en el anonimato, relató su brutal experiencia cuando su jefe la acosó sexualmente. Ella entró a ese trabajo gracias a su padre, los dos hombres mantienen una muy buena relación. Su jefe es un hombre mayor, soltero que últimamente necesita ayuda con las labores del hogar o pasear a su perro, por lo que se convirtió en su asistente.

Cuando lo conoció, él fue un hombre completamente respetuoso. Nada hizo que pensara mal de él y su comportamiento, que la hiciera prender sus alarmas. Ella también debía cuidar a su perro y como los adora, estaba emocionada. Al conocer a su perrita, crearon de inmediato un vínculo especial.

Los primeros dos días fueron normales, pero la joven notó que su jefe era asiduo a abrazar a las persona, por eso cuando lo hacía con ella no pensó nada raro, hasta que empezó a sentir su mano rozando sus muslos, caderas y espalda baja. La chica comenzó a quejarse y él tuvo una asquerosa respuesta: “No te preocupes, sé que lo disfrutas”, le dijo.

Las cosas empeoraron con los días: el hombre hacía comentarios sobre el cuerpo de la joven y le decía cuánto disfrutaba mirarla. “Traté de reírme y alejarme porque no soy una persona confrontacional y tengo miedo de herir los sentimientos de los demás «, dijo.

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Cuando la situación se salió de control, el perro del hombre fue quien estuvo ahí para socorrerla. «Estaba sentada en el sofá atándome los zapatos con el perro tendido a mis pies y me sorprendí cuando de repente sentí las manos cerca de mis caderas. Avancé y le dije que no. Rodeó el sofá y comenzó a caminar hacia mí diciéndome cómo me haría «cosquillas», contó.

Se asustó y lo único que pudo hacer fue llamar al perro y junto a su nombre decir “ayúdame” o “protégeme” para “distraerlo un poco más antes de que me toque de nuevo”, añadió.

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Para la sorpresa de la joven, ese fue un llamado de ayuda real y el perro la escuchó. Se levantó y comenzó a hacer guardia gruñendo y ladrando fuerte. El animal de 43 kilogramos se rehusaba a dejar de alejarlo con furia. El jefe se alejó y no la tocó durante el resto del tiempo que estuvo allí. Ella se dio cuenta que era momento de buscar un nuevo trabajo.

La chica solo trabajó una semana con el acosador y no sabe porque el perro actuó de esta forma, aunque sabe que algunos perros ven a las personas en una situación tensa y los protegen. Los animalitos son lo mejor.

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