Por Diego Aspillaga
2 marzo, 2020

Kohaku es un gentil reptil de 6 años que ha cautivado los corazones de millones de personas luego de que se hiciera el mejor amigo de una versión plástica de él mismo. Su cara de alegría lo dice todo.

En amistades, así como en el amor, no hay nada escrito. Hay veces que dos personas se hacen amigas debido a todas las cosas que tienen en común. Otros se transforman en mejores amigos porque no tienen nada en común pero se complementan perfectamente. 

Instagram/@589_tomo

Incluso en el mundo animal, existen amistades que desafían la lógica, los estereotipos y las expectativas. Gatos con perros, tortugas con terneros, leones con guepardos, los ejemplos son muchos.

Pero aún en un mundo de amistades poco probables, el siguiente caso es sin duda uno de los más curiosos y adorables de todos. 

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Kohaku es un tierno gecko atigrado de 6 años de edad que vive en Japón. El reptil se caracteriza por su personalidad amable y curiosa, la que acompaña con una cautivante sonrisa que recorrería su cara de oreja a oreja si los geckos tuvieran orejas.

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Y si bien Kohaku ya era conocido por su tierna sonrisa, su fama explotó cuando le presentaron a Chinmari, un gecko de plástico muy parecido a la mascota y que le robó el corazón de inmediato.

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La dueña del simpático animal utilizó unas monedas en una máquina expendedora y vio con sorpresa cómo el juguete que se había ganado era casi idéntico a su tierna mascota, por lo que decidió regalárselo.

Puede que Chinmari no esté vivo, pero eso le importa poco y nada a Kohaku. Tal y como un niño con su oso de peluche favorito, éste ha encontrado felicidad, seguridad y paz en el muñeco.

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El reptil no se separa de su ahora mejor amigo y sonría cada vez que lo ve. Puede que sea amor, amistad o incluso egolatría (después de todo son muy parecidos), pero Kohaku no se dejado el lado de su juguete desde que se lo presentaron. 

El mundo, en tanto, agradece esta curiosa amistad. Más de 30 mil personas siguen las aventuras de este animal y su mejor amigo y se derriten cada vez que ven una foto de los dos sonriendo a la cámara.

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En la amistad, así como en el amor o en la guerra, no hay nada escrito y el caso de Kohaku y Chinmari así lo demuestra. 

 

 

 

 

 

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