Por Romina Bevilacqua
26 noviembre, 2015

Sabemos lo incómodo que puede ser defecar en el baño de la oficina o mientras acampas en el bosque, pero por tu bien deberías hacerlo.

Siento unas ganas incontrolables de contarles mil historias, pero por mi integridad y la de otros las omitiré y me atenderé a lo importante: cuando el cuerpo llama, mejor hay que escucharlo. Probablemente muchas veces te has aguantado las ganas de ir al baño en la oficina porque piensas «en 2 horas más puedo ir en mi casa tranquilo», o en algún baño público porque no puedes pensar en la idea de que alguien te escuche o pueda sentir algún olor y lo mismo en una fiesta, e incluso cuando estás acampando al aire libre y no hay un baño cerca.

Las razones por las que hayas decidido aguantarte podrían ser infinitas, pero ¿valen la pena una vez que sabes lo dañino que este simple acto puede ser para tu salud?

httpv://youtu.be/JWRYhd__Zdg

Kyle Staller, un gastroenterólogo del Hospital General de Massachusetts, ha señalado que aquellas personas que tienen un hábito de aguantarse las ganas de ir al baño son más propensos a presentar estreñimiento o desarrollar una disfunción en los músculos utilizados para que pasen los desechos. Y el uso de laxantes no es una opción recomendada, ya que con el tiempo tu cuerpo puede acostumbrarse y olvidar su correcto funcionamiento al expulsar los desechos.

Como lo oyes, tu cuerpo puede incluso olvidar cómo defecar correctamente.

Al aguantarte, tus heces se endurecen y comienzan a apilarse dentro de tu cuerpo –porque bueno, tú sigues comiendo y sigues produciendo desechos–. Luego, esto puede producir una inflamación del intestino que puede llevar a problemas de circulación, problemas al corazón y, en caso de llegar a casos severos, puede requerir una cirugía y eventualmente podría matar a alguien.

Así que la próxima vez que sientas el llamado de la naturaleza, sólo hazle caso a tu cuerpo. 

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