Por Luis Aranguren
8 octubre, 2020

Fueron encontrados al sur de Suecia, donde miles de años atrás se estima que vivía un grupo de cazadores.

La amistad de los hombres y el perro es algo que parece superar los límites del tiempo e inclusive de la historia. Hechos para acompañarse mutuamente hasta el final, esto parece que viene desde la Edad de Piedra inclusive.

Y es que fue desenterrado un perro de hace 8 mil 400 junto a su dueño, en lo que fue según los arqueólogos el cementerio de la aldea en la que vivían.

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Ubicados al sur de Suecia, en la ciudad de Solvesborg fue el lugar donde se encontraban enterrados estos restos bien conservados. Se dieron cuenta al observar esta y otras tumbas que las personas solían ser enterradas con cosas valiosas.

Lo que implica que para este hombre, su perro era lo más valioso y significativo que tenía en su vida.

“El perro está bien conservado y el hecho de que esté enterrado en medio del asentamiento de la Edad de Piedra es único. Un perro enterrado muestra de alguna manera lo similares que somos a lo largo de los milenios cuando se trata de sentimientos como el dolor y la pérdida”.

–Osteólogo Ola Magnell del Museo Blekinge de Suecia a ABC News–

Tras esta clase de descubrimientos, el lugar se ha convertido en uno de los sitios de excavación arqueológica más grande de la región.

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Los expertos sospechan que ese sitio fue en algún momento un asentamiento para cazadores durante la Edad de Piedra. Por otra parte, también encontraron un cementerio de perros, que están excavando para su posterior estudio en el Museo Blekinge de Suecia.

Pero la historia no es tan positiva, se estima que en algunas culturas los difuntos eran enterrados con sus animales y si seguían vivos debían ser sacrificados.

Su misión presuntamente era guiar su espíritu hacia los dioses y asegurar que su ascensión sea mucho más fácil. Esperemos que este no sea uno de estos casos, perdería todo el romanticismo del caso.

En dado caso nos alegramos de que esas prácticas hayan quedado en el pasado, no quisiéramos que ningún perrito sea sacrificado para ser enterrado junto a su dueño.

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Creo que el mayor honor que podría tener un difunto, es que su perro pueda disfrutar su vida con total libertad. Que todos esos momentos compartidos juntos, pueda vivirlos con alguien más que lo quiera del mismo modo.

Esperemos tener más datos de estas excavaciones pronto, será interesante ver cómo era la convivencia entre humanos y mascotas en aquel entonces.

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