Por Romina Bevilacqua
27 octubre, 2014

molokai

La muerte y las enfermedades han llegado a la bella isla de Molokai, por largo tiempo considerada un antiguo paraíso hawaiano con caídas de agua, exuberantes bosques tropicales y cerros irregulares. Llegó en la forma de un enorme Caballo de Troya, prometiendo trabajo y prosperidad a la pequeña población de 7.500 habitantes.

La exquisita isla se ha convertido en un laboratorio y Monsanto ha cubierto el lugar con cercas y señales de No Pasar. Casi 810 hectáreas del paraíso de Molokai han sido controladas por el titán de la biotecnología del cultivo del maíz Bt. Estos genes patentados producen una sustancia que previene y destruye las pestes. La toxina Bt está dirigida a los cultivos de maíz, permitiendo a los granjeros el control de las pestes sin necesidad de usar tantos pesticidas.

Cuando los pesticidas son rociados, los trabajadores usan trajes protectores de pies a cabeza, incluyendo respiradores. Sin embargo los residentes cercanos no cuentan con dichos equipos y no tienen más opción que respirar el polvo tóxico que viene de los campos.

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El Departamento de Salud del Estado ha dicho que no hay pruebas de que esto sea peligroso para las personas de Hawái o de ningún otro lugar donde haya sido probado. Pero los residentes de la isla están en desacuerdo y relatan una historia muy diferente, una similar a aquella contada por personas en India o la de los granjeros en Argentina.

Los habitantes de Molokai se han ido enfermando más y más, golpeados con enfermedades como asma, diabetes y cáncer. Todos éstos son efectos secundarios de la exposición a pesticidas. Sin embargo, el Departamento de Estado toma partido por los ejecutivos biotecnológicos y reclama que no hay problema con el uso extremo de pesticida. Coincidentemente, las estadísticas del cáncer, aborto natural, defectos al nacer, problemas respiratorios y problemas neurológicos en la isla, no son fáciles de encontrar.

“Ya que la toxicidad aguda –reflejada en la clasificación WHO del glifosato– es baja, ha sido promovida como segura. Sin embargo, nueva evidencia muestra efectos adversos sustanciales para la salud y para el ambiente, especialmente de los productos formulados. 

Las fórmulas comercializadas de glifosato, como el Roundup, contienen adyuvantes (químicos accesorios), usualmente en un 50-60%, agregados para permitir que el ingrediente activo funcione más eficientemente. Existe creciente evidencia de que los adyuvantes son más tóxicos que el glifosato y/o potencia sus efectos tóxicos. La información pública disponible sobre la naturaleza de estos químicos es incompleta porque los adyuvantes son tratados como secretos de propiedad por el fabricante. Un agente conocido usado en Roundup es, por ejemplo, ´POEA´.

Aunque el glifosato muestra una baja toxicidad aguda, serios efectos de envenenamiento tales como irritación severa y daño ocular, problemas de la piel y respiratorios y daño al tejido pulmonar han sido registrados con productos formulados –probablemente debido a la presencia de POEA–. Los trabajadores expuestos al Roundup, han sufrido hinchazón de los ojos y de los párpados al refregarse los ojos por ejemplo, rápidos latidos cardíacos y presión arterial elevada. Otros efectos reportados de POEA son: vómitos, diarrea, hemolisis (destrucción de glóbulos rojos), estado de alteración de conciencia, edema pulmonar; la ingestión puede causar faringitis, dolor abdominal, daño hepático y renal, erosiones del esófago, orofaringe y estómago.

Experiencias recientes y estudios demuestran que hay un amplio rango de efectos adversos en la salud a largo plazo, relacionados con productos formulados, tales como leucemia y otros cánceres, enfermedades de la piel y defectos de nacimiento, problemas gastrointestinales y alteraciones del sistema nervioso central. Otros hallazgos relacionan el glifosato y especialmente las fórmulas, con afecciones en el desarrollo del embrión, daño celular y del ADN e incluso con la interrupción del sistema hormonal. Un nuevo estudio encontró efectos adversos de cuatro herbicidas con base de glifosato, en células embrionarias, de la placenta y del cordón umbilical, en niveles diluidos muy por debajo del nivel recomendado para la agricultura, correspondientes a bajos niveles de residuos en la comida y en los pastos”.

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Éste no es un experimento en una tierra lejana. Esto ocurre hoy, en tierra americana. Hoy, un americano no tiene más opción que respirar aire con partículas tóxicas que pueden transformarse en hostiles una vez que entran en el cuerpo, dando como resultado cánceres, abortos, infertilidad, u otras enfermedades. Esa partícula es creada o liberada intencionalmente por Monsanto. No hay forma de contener el polen o las pulverizaciones químicas. Los que viven a favor del viento de estos campos están indefensos frente a la liberación del veneno al aire y hacia las aguas subterráneas.

Y mientras tanto Monsanto escribe sus propias leyes como se pudo ver con la aprobación del Acta de Protección Monsanto. Depende de nosotros el ser proactivos y tomar una posición. Es por eso que ya existen iniciativas como la Marcha Global en Contra de Monsanto que se llevará a efecto en Mayo del próximo año, con el fin de demostrar el rechazo que tiene parte de la comunidad global por estas prácticas de GMOs (organismos genéticamente modificados) y los pesticidas con glifosato.

Pero tú también puedes combatir a los alimtos genéticamente modificados en casa. Planta tus propios alimentos o compra a granjeros locales. Educa a aquellos que conoces y estimúlalos a hacer lo mismo.

Muchos leerán esto y se sentirán incrédulos, dudosos de que algo así pueda estar ocurriendo en América. Hoy, es Hawái. Pero ¿Quién dice que mañana no podrían ser los campos de tu país? 

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