Había nacido con algunas deformidades y su madre felina no pensó que sobreviviría.

Las mamás animales saben cuándo un hijo nace enfermo. Lo detectan de inmediato y por instinto prefieren abandonarlo o negarle el alimento para que muera, pues creen que no podrán sobrevivir en el mundo salvaje.

Sin embargo, hoy en día gatos y perros conviven muy bien con los humanos, quienes pueden hacerse cargo y estimular a aquellos animalitos que nazcan con enfermedades. Sin embargo, los animales no lo saben y por eso prefieren abandonar a sus hijos a su suerte.

Algo similar le debe haber ocurrido a esta gatita, que fue encontrada abandonada sin rastros de una madre o hermanos y aún mantenía su cordón umbilical… o sea, había nacido hace muy poco.

Pero por suerte una mujer de Alpine, California la encontró a tiempo y contactó a San Diego Humane Society para que fueran a su rescate y se encargaran de cuidarla, pues parecía necesitar cuidados especiales.

San Diego Humane Society

“Tenía un poco de peso bajo para su edad cuando llegó y sus piernas delanteras parecían tener una deformidad”, dijo a Love Meow Jackie Noble, Gerente de Kitten Nursery de SDHS. “Cuando vi un video de ella, inmediatamente pensé que sería una buena opción para Orphan Kitten Club“.

Entonces, lo llevaron a ese refugio especialista en gatitos.

Hannah Shaw

Y la pequeña, bautizada como Kabu, mostraba unas increíbles ganas de vivir.

Hannah Shaw

“Esta niña tiene una deformidad congénita de las patas delanteras, que se doblan y se curvan hacia adentro. Su cola también es curiosamente corta. Aparte de sus diferencias físicas, es la recién nacida más vibrante y fuerte. Come como una campeona y ronronea con ternura” escribió Hannah Shaw, la fundadora del refugio de felinos cuando describió a la bebé.

Hannah Shaw

Ella fue puesta en una incubadora para regular su temperatura y durante la primera semana recibió alimento cada dos horas para ganar peso. Afortunadamente el tratamiento funcionó y a los pocos días se veía mucho más fuerte.

Hannah Shaw

Actualmente la gatita tiene dos semanas de vida y todo el personal del refugio se preocupa de alimentarla y mantenerla feliz, entregándole toda la atención y el cariño que necesita mientras termina de recuperarse y alcanzar la edad suficiente para ser dada en adopción.

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