Por Luis Lizama
24 septiembre, 2020

El campo de Adelaide fue adaptado para dar un hogar momentáneo a todos esos callejeros que buscan una familia definitiva. Les da comida, agua, medicinas y -lo más importante- muchísimo amor.

Los animales tienen una capacidad única e increíble, para curar las heridas del corazón y el alma. Si hablamos de perritos, ellos incluso están entrenados para alegrar nuestra vida, pero los felinos tampoco se quedan atrás. Considerando todo aquello, podemos afirmar que es una característica de todo el reino animal.

Para la protagonista de esta historia ese cariño y retribución que entregan sus “huéspedes” es fundamental. Le pagan con caricias, juegos y abrazos, de hecho ella dice que la “ayudan a ser mejor”

Su nombre es Adelaide y convirtió su hogar en Paraíba (Brasil) en un refugio momentáneo para animales abandonados. Han llenado su vida de felicidad, por eso sonríe con tanta alegría.

Archivo personal Adelaide

Vive en el campo, donde hay suficiente lugar para dar un rinconcito a cualquier amigo peludo que lo necesite.

Doña Adelaide hace algún tiempo dedicar parte de su vida al cuidado de animales necesitados, que lamentablemente no son pocos. Fue poco a poco y paso a paso, hasta adaptar su hogar. Cada día llegan perros y gatos vulnerables, que han sufrido violencia de cualquier tipo. 

Ella les da una familia.

Archivo personal Adelaide

Cuando aparece alguien interesado en adoptar, se prepara al afortunado animalito y se le despide como corresponde.

Pero el amor y preocupación de Adelaide no es nuevo, comenzó hace más de 5 años, poniendo agua y comida para los vulnerables. Después fue testigo de un masivo envenenamiento, donde muchos perdieron la vida. Eso marcó un antes y un después en ella, así decidió ir un paso más allá.

Archivo personal Adelaide

Sandy (el bello y sonriente amigo de la fotografía) es uno de los ejemplos del refugio. Llegó de cachorro y en mal estado, pero Adelaide no lo dejó. Lo alimentó y cuidó como si fuese su hijo.

Aquel día (que se tomó la fotografía) fue adoptado por una familia con dos hijos pequeños, deseosos de tener un compañero a quien dar amor.

Imagen referencial – Pixabay

Pocas personas se interesan por el bienestar animal, más todavía de aquellos que no son domésticos ni mascotas. El trabajo de Adelaide tiene un gran mérito, sobre todo porque lucrar no está en sus fines, lo hace desde el corazón y de forma desinteresada.

“No contabilizo los gastos de comida. Lo que compro para mí, también lo tienen. Dicen que ya he ayudado a varias mascotas, pero la verdad es que son las que me ayudan a ser una mejor persona ”.

Dice Adelaide a Razoes para Acreditar.

Vive feliz y llena de amor, que sus animales le retribuyen en agradecimiento. 

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