Por Antonio Rosselot
16 mayo, 2019

Quizás era la mejor decisión en cuanto a higiene, pero la imagen del gato Kolo no se borrará fácilmente en el hospital.

Generalmente, los hospitales son espacios un poco tétricos: paredes blancas, olor a limpieza, gente uniformada con colores monocromáticos y muchos, pero muchos protocolos. A menos que haya algún paciente entrando directamente a urgencias, el ambiente es en general bastante monótono e ininterrumpido.

Pero en el hospital de Southmead en Bristol, Inglaterra, había un invitado que, si bien no cumplía con algunos estándares de higiene, siempre se las arreglaba para sacarle una sonrisa a los y las pacientes y romper la modorra de la rutina: el gato Kolo.

Facebook/The adventures of Kolo

Durante casi un año, Kolo estuvo merodeando el hospital de Southmead, acurrucándose con los pacientes o tomando una buena siesta en el mesón de la recepción. Evidentemente, se robaba toda la atención de la gente que entraba al centro médico.

Kolo se hizo tan popular entre la gente, que los mismos funcionarios del hospital crearon una página de Facebook para compartir sus aventuras con el mundo. Uno de los pacientes habló del felino como «un gran recurso para Southmead», además de aparecer en bastante selfies con los asistentes del hospital. 

Facebook/The adventures of Kolo

Sin embargo, no todos estaban contentos con la presencia de Kolo. En un comunicado, la dirección del hospital prohibió el acceso del gato al centro médico:

El gato no es bienvenido en nuestra sala de urgencias, y haremos lo posible por asegurarnos de que no entre más al recinto.

Helen Blanchard, directora de Enfermería del hospital de Southmead

Facebook/The adventures of Kolo

No hay mayor explicación para la determinación del alto mando del hospital, pero creemos que puede haber sido por un tema de higiene. De todas maneras, Kolo no es un gato callejero, sino que pertenece a una de las vecinas del sector, cuyo jardín colinda directamente con la sala de urgencias del hospital.

Generalmente se quedaba en casa durante el día, pero cuando se hacía de noche salía a merodear usando su puerta especial.

Vikki Gillies, dueña de Kolo

Un par de meses antes de ser baneado del hospital, apareció un post en la página oficial de Kolo, en donde comentaba que «estoy muy contento de haber llevado tanta alegría a quienes, desafortunadamente, han tenido que visitar el hospital. Espero seguir haciéndolo».

Facebook/The adventures of Kolo

Lamentablemente eso no será posible, pero el espíritu calmo y cariñoso de Kolo queda como un legado para los pacientes y funcionarios del hospital. De todas maneras, sólo hay que ir a la casa de la vecina para visitarlo, así que no se fue tan lejos.

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