Por Daniela Morano
17 diciembre, 2018

Ahora que reciben comida y amor, no saben muy bien cómo reaccionar. El maltrato duró demasiado tiempo.

Cuando uno lee las palabras chancho y barro o heces juntas, no piensa que haya nada extraño. De hecho, suena más que normal. Sin embargo eso no quiere decir que en todos los contextos esos chanchos estén felices, rodando en lodo porque es algo que les gusta. Hay situaciones de maltrato, donde animales son obligados a respirar, comer, dormir, sobre basura, afectando su vida para siempre.

«El dueño dijo que estaba pagándole a alguien para que fuera a verlos, pero basándose en las condiciones en que estaban y por sus cuerpos, eso no era verdad», dijo Todd Friedman, fundados del Santuario Arthur’s Acres Animal, sobre los cuatro chanchos encontrados en deplorables condiciones en una porqueriza.

Arthur’s Acres Animal Sanctuary
Arthur’s Acres Animal Sanctuary

No sólo estaba su «hogar» lleno de líquidos sucios, sino que además no tenían ni comida ni agua fresca, además de ninguna manera de salir de allí.

«Apoyaban sus cabezas uno sobre otro para no hundirse cuando dormían. Era una situación muy, muy mala», continúa explicando.

Arthur’s Acres Animal Sanctuary

«He trabajado rescatando animales cuatro años, y jamás había visto algo así. Se notaba su columna vertebral. A partir de las fotos, todos pensamos que ya estaban muertos».

Y así pudo haber sido de no ser por un vecino que contactó al santuario, quienes fueron a ayudarlos. Al principio el refugio Southern NY Pig los acogió pero luego el santuario se llevó a las tres hembras (Katniss, Rue, Prim) junto al macho. 

Ahora hacen lo posible por ayudarlas, pero no ha sido fácil convencerlas de que no volverán a ser maltratadas como antes. «Siempre hambrientas, y no deberían, porque comieron unas horas antes. Comen calabazas durante el día, granos en la noche y la mañana, y cacahuate y granos a veces. Pero cuando les das de comer, es como que no supieran si vendrá otra comida después».

Y si les ha costado acostumbrarse a comer, pues acostumbrarse al afecto es otro tema completamente distinto. «No andan enojadas ni son agresivas, pero no entendían de que se trataba acariciarles el lomo o su barriga. Al principio era como si dijeran ‘¿por qué me tocas?'».

Pero de a poco han ido aprendiendo. «Son divertidas, amorosas. Me siguen a donde sea que vaya. Son muy felices, lo que es increíble considerando donde estaban antes». 

«Mi propósito era rescatar animales en situaciones horribles y asegurarme de que estén bien el resto de sus vidas, que no vuelvan a sufrir. Tengo que asegurarme de compensar todo ese tiempo que estuvieron a punto de ahogarse».

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