Por Daniela Morano
16 mayo, 2019

Cuando Leo fue rescatado y llevado a un santuario, los otros chimpancés lo recibieron con abrazos y sonrisas.

No por nada los chimpancés son el animal más cercano evolutivamente al ser humano. Su expresión de emoción y cercanía con sus seres queridos no es menos parecida a la que tenemos nosotros los humanos, y  cuando viven en cautiverio, sea en un zoológico o como mascotas, extrañan a su especie. Por eso no es ninguna sorpresa ver el entusiasmo con que este pequeño recibió finalmente la gran noticia de que por fin tendría una familia.

Leo, en vez de estar en un lugar abierto y seguro junto a su familia, vivía en un extraño lugar: un bar. «Leo primero vivía en un bar, pero cuando fuimos a buscarlo ya no estaba», dijo Jenny Desmond, cofundadora de Liberia Chimpanzee Rescue and Protection, a The Dodo.

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Cuando los chimpancés son alejados de sus familias, terminan en lugares muy extraño, sea disfrazados como humanos para entretención de la gente, vendidos como mascotas exóticas o encadenados en una zoológico toda su vida.

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Pero Desmond y su esposo Jim, con quien administra un santuario, no se darían por vencidos con Leo. Hicieron todos lo que pudieron por encontrarlo hasta que sus esfuerzos dieron frutos.

«Había sido regalado y escondido en el mismo pueblo pero detrás de una casa. Con ayuda de las autoridades pudimos dar con su paradero… nos alegramos de no haberlo perdido para siempre».

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Pero antes de que Leo pudiese reencontrarse con los suyos, necesitaba adaptarse a su nueva casa y santuario.

«Pasan un tiempo solos con nosotros para calmarlos, aprendan a confiar y saquen fuerzas. También tenemos que asistirlos con medicamentos y mantenerlos saludables. Les damos de comer y principalmente los acompañamos para que superen el trauma».

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Cuando Leo por fin conoció a los más pequeños del santuario no podía más de felicidad. «Le dieron abrazos y dejamos que se quedara con el grupo».

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Leo por fin no está solo. «Junto a sus hermanos y hermanas tendrán una vida tranquila con nosotros. Pasan sus días jugando, escalando, interactuando entre ellos, comiendo y siendo chimpancés».

Ahora los Desmond se encuentran buscando un nuevo lugar donde instalar su santuario pues ya tienen sobre 40 de ellos, y el espacio no es suficiente si es que quieren continuar salvándolos.  «Queremos que tengan los que se merecen».

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