Por Pablo Román
6 junio, 2018

¿Estaremos haciendo lo correcto?

Todos los que compartimos el habla el hispana tenemos como base la cultura occidental. Sin embargo, los japoneses son de un mundo totalmente distinto al nuestro y eso nos dificulta entender varias de sus costumbre. Una de ellas nos hace ruido varias veces y es su predilección por comer ballena.

Este hábito comenzó durante el Siglo XII, pero su industrialización comenzó a mediados del año 1890.

Desde que este mamífero empezó a diminuir su población global, diferentes organismos mundial idearon leyes para reducir su caza. El vacío legal, sin embargo, estaba en su captura para fines científicos. 

Y este fue el pretexto que ha usado el país desde entonces. 

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Durante el año 2017 y 18 Japón ha asesinado 333 ballenas “para la investigación”. De ellos, 120 estaban esperando crías. 

Otra de las razones del país es que es necesario seguir entiendo las “estructuras y dinámicas del ecosistema marino del Antártico”. Por esa razón, en vez de cazar, le llaman “muestras biológicas”.

La idea es saber la edad de cada uno, que se determina midiendo el cerumen de sus oídos. También dicen que es necesario revisar el contenido de su estómago para ver su consumo de presas y el grosor y ancho de su grasa para estimar la salud de cada una de ellas.

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Japón permite la venta de carne de ballena en las tiendas y restaurantes, luego de que hayan terminado con su investigación, obviamente. 

Ahora, estas acusaciones recaen casi siempre al país nipón, pero no es el único que mantiene estas prácticas. 

Noruega e Islandia también entran en la lista de países que casan estos animales para su comercialización. Cerca de 1278 ejemplares fue la cuota que alcanzó entre el 2016 y 2017.

Según el Sunday Morning Herald, Japón en los últimos 12 años ha cazado unas 4 mil ballenas.

Reuters

Las tradiciones son difíciles de entender y las más complicadas de erradicar.

Si vemos en nuestro propio mundo occidental, poseemos granjas donde se masacran vacas, gallinas y cerdos sistemáticamente. El fin ni siquiera es científico, sino rellenar nuestras panzas con su carne.

¿Estamos tan lejos de lo que hacen los japoneses entonces?

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