Por Antonio Rosselot
14 mayo, 2020

Los más de 1.200 ciervos sika que habitan el Nara Park notaron la falta de visitantes, por lo que decidieron salir a descansar y tomar algo de sol después de que el gobierno local decretara estado de alerta en el país.

Japón y los cerezos en flor son sinónimos estrechos, y van de la mano en todas las representaciones que se hacen del país asiático. Los cerezos son el árbol principal allí y, en primavera, cuando todo florece con sus colores nítidos, el rosa de estos árboles destaca por sobre todos los otros tonos.

Uno de los lugares por excelencia donde se puede ver a los cerezos en todo su esplendor es el Nara Park, parque ubicado en la ciudad del mismo nombre y uno de los más antiguos del país. Además aquí, por orden de las autoridades, hay más de 1.200 ciervos sika merodeando libremente ya que son una especie protegida y considerada como “tesoro natural”.

Y ahora, como todo el mundo está encerrado en casa esperando a que pase la pandemia de coronavirus, el parque se transformó en un espacio 100% abierto para que los ciervos puedan descansar y explorar sin amenazas humanas. Y para qué decir cuando se recuestan en el suelo lleno de hojas de cerezo, como en la foto de abajo.

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Japón declaró estado de alarma en el país el 7 de abril, limitando así la movilidad de las personas justo en la época en que los cerezos empezaron a florecer.

Unos días después, algunos curiosos se acercaron al parque para ver el panorama y se encontraron con los pastos llenos de ciervos sika descansando bajo los árboles, aprovechando los primeros rayitos de calor del 2020.

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Esta escena es realmente improbable de ver en cualquier otro contexto, ya que estas fechas son las más concurridas en el parque: todos quieren ver el espectáculo de los cerezos y darle de comer a los ciervos, que si bien se ven relegados con toda la gente, se acercan tranquilamente a comer cuando les ofreces.

Finalmente, no podemos sino fijarnos en la calma que reina en el ambiente. Los ciervos no son una amenaza para nadie y, aunque es su casa, usan el espacio de manera muy respetuosa e infunden mucha tranquilidad en los espectadores.

Es una lástima que este respeto por las especies no se tenga en otros lugares. Si hubiesen más espacios en el mundo como el Nara Park, probablemente otro gallo estaría cantando.

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