Por Lucas Rodríguez
29 octubre, 2019

Todos soñamos con la mascota que queremos tener. Pero a veces, la dignidad es más importante que las fantasías.

Quizás lo mejor de que los perros sean parte de nuestra existencia, es que la variedad de razas nos ha dado la posibilidad de convertir en realidad el can con el que nos desvelamos por las noches. ¿Te gustan grandes e imponentes? El gran danés es lo tuyo. ¿Ágiles e inteligentes? Con un collie no puedes equivocarte. ¿Pequeños y algo alienígenas? Corre a conseguir un pug. 

Los perros pequeños, de cartera (como les decimos los que preferimos a nuestros canes algo distintos de un gato), se han convertido en algo cada vez más popular, al punto de que incluso ha llamado la atención de los rincones más oscuros de la sociedad, esos que se dedican al, y me apenas mencionar esto, el robo de mascotas.

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La triste historia del pequeño buldog francés llamado Apolo, era que un día como cualquier otro, estaba en el patio delantero de su casa, mirando hacia la calle, esperando a que se le cruzara un gato. Una cámara de seguridad estaba captando su día, cuando Apolo desapareció de la toma, para reaparecer unos minutos después en brazos de un antisocial enmascarado, quien se lo llevó.

Su familia no volvió a verlo. Ya lo habían dado por perdido, pero la historia de Apolo estaba lejos de haber llegado a su fin.

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En otro rincón de la ciudad, el pequeño buldog francés cambiada de manos en los mercados negros donde las mascotas son vendidas como si fueran una silla o un cuadro. Luego de un par de transacciones, llegó a las manos de una familia honesta y preocupada. Lo primero que hicieron fue llevar al perro al veterinario. Entre las revisiones de su salud y dieta, dieron con algo que no esperaban: Apolo tenía un chip en su oreja, lo que significaba que tenía dueño. Y con ello, que había alguien llorando su falta. 

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La nueva familia de Apolo tuvo que sopesar sus decisiones. Por un lado, tenían al perrito que querían (y les había costado no pocos dólares), mientras que en el otro, no podían quitarse de la cabeza la imagen de la familia que había perdido a su miembro más pequeño y bueno para ladrar. 

Preguntándose cómo se sentirían ellos si estuvieran en el lugar de la segunda familia, optaron por hacer lo correcto. Usando los datos del chip contactaron a la familia de Apolo y ellos mismos lo regresaron.

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Ambas familias aprendieron valiosas lecciones: la segunda a siempre hacer lo correcto. Y la primera, que nunca hay que perder la esperanza.

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