Por Luis Lizama
15 mayo, 2020

Firulais siempre tuvo pasta para ser un vigilante. Le gustaba mantener el orden y la seguridad en su calle, así que la policía de Mendoza decidió potenciar ese talento.

Cuando naces destinado para algo, el destino se encarga de ponerte en el lugar correcto. La clave está en no rendirse, pues la oportunidad puede llegar en cualquier momento y en el sitio menos esperado. Así le ocurrió al tierno protagonista de esta historia, que jamás pensó terminaría portando aquel chaleco amarillo que tanto deseaba.

Su nombre es Firulais y más feliz no puede estar. Siempre deambulaba por las calles, jugando a ser un guardián. Mantenía el orden y la seguridad, prohibiendo el paso a los rufianes y malechores.

La policía del Tránsito y Seguridad de Mendoza vio su talento y decidió contratarlo. Se ha convertido en un gran profesional y compañero.

Orlando Pelichotti / Los Andes

La linda historia de Firulais y su nuevo trabajo la contó su gran amigo y compañero, Manuel Maravilla, quien es personal de tránsito en la ciudad argentina de Mendoza.

Hasta hace poco era un perro callejero de tomo y lomo, aunque siempre con el talento de la seguridad y orden. Su ingreso a la institución se dio en base a su gran feeling con el personal, que ahora son sus colegas.

Orlando Pelichotti / Los Andes

“Estaba en Plaza Independencia y siempre se acercaba hasta la base de nosotros (los preventores) y nos acompañaba. Así, con el tiempo, empezó a ‘patrullar’”, cuenta Manuel a Los Andes.

No tenía dueño, pues era un rebelde y amante de la seguridad, así que decidieron llamarlo Firulais. Todos en el centro comenzaron a llamarlo por su nombre.

“Como siempre salía a patrullar con nosotros le hicimos un chaleco amarillo y hace dos semanas que participa en los operativos de control por la cuarentena. Nos acompaña cuando vamos a pedir documentaciones y se queda quietito al lado nuestro”.

“Es re manso no le hace nada a los otros perritos y se deja acariciar. La gente le saca fotos y el se pone que le saquen”.

Contó Maravilla a Los Andes.

Orlando Pelichotti / Los Andes

La relación con Manuel llegó a tal punto que ahora vive junto a él, pues decidió adoptarlo.

El pequeño y valiente Firulais es tan profesional que, tal como algunos de sus compañeros, a veces se queda a dormir en el cuartel.

Orlando Pelichotti / Los Andes

Los comerciantes del sector ya lo conocen y se sienten seguros con su presencia, también le agradecen con algunos bocadillos. 

Lleva dos semanas de trabajo y ya es toda una estrella, muy profesional por lo demás.

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