Por Macarena Faunes
28 octubre, 2019

Marshmallow pensaba que nunca sería adoptado por su discapacidad, pero siempre habrá alguien que nos valore sin importar nuestra condición.

Todos los animales tienen derecho a una segunda oportunidad de vivir, sin importar las condiciones en las que estén. Cada uno tiene un propósito en nuestras vidas y si llegan a nosotros con algún rasgo en particular, es porque podemos amarlos y cuidarlos así.

Marshmallow es un perrito ciego que fue rescatado de un refugio negligente en Hungría, junto a otros canes. El equipo médico de Animal Care Austria (ACA) lo examinó y le diagnosticó problemas cardíacos graves. Nadie lo quería en su hogar tras considerarlo como un problema.

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Entre montones de basura, con escasa comida y en completa oscuridad, el perro luchaba hambriento por un pedazo de comida con sus hermanos. Vivió 11 años de esa manera, esperando no morir en el albergue. 

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Un voluntario de ACA lo adoptó y le dio todo el amor que necesitaba. Lo llevó al veterinario Tierarzt am Spittelberg y los profesionales le salvaron la vida. Lo logró gracias a transfusiones de sangre que recibió de emergencia, informó Bored Panda.

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Su pasado lo dejó con diversas marcas. Además de su ceguera y su problema cardíaco, los pocos dientes que le quedan los tiene rotos. Le dificulta masticar los alimentos duros. Además estaba muy traumatizado por el abandonado en el que estuvo.

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Hoy Marshmallow es un perro agradecido. Es dulce, esponjoso y le encanta ser el líder de los paseos con su nuevo dueño. Su mirada pasó de tristeza a ser de alegría.

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A pesar de que creamos que vivimos en el mismísimo infierno, siempre existe una mano que está dispuesto a ayudarnos, como este voluntario. Los animales discapacitados tienen el mismo derecho a ser adoptados que los demás. Deseamos que Marshmallow sea eternamente feliz.

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