Por Camila Londoño
29 julio, 2016

Los veterinarios nunca habían visto un caso así y le dieron sólo un año de vida.

Su nombre es Chuck y vive en el centro de rescate Funny Farm Rescue en Nueva Jersey, Estados Unidos. De acuerdo con la fundadora del refugio, Laurie Zaleski, este pastor alemán tiene el cargo de “director de seguridad” y es adorable. Chuck es un valiente protector y es tan hábil e inteligente como cualquier otro perro, sin embargo tiene un pequeño problema a la hora de comer…

Para digerir sus alimentos de forma correcta, Chuck, tiene que sentarse erguido dentro de una silla especial.

De lo contrario, vomita. Es la única posición que le permite tolerar los alimentos sin devolverlos.

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Laurie Zaleski
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Laurie Zaleski

Cuando Chuck llegó al refugio, era tan sólo un cachorro.

Una amiga de Zaleski lo llevó y le advirtió sobre su problema. La situación no era normal, así que ella le sugirió a su amiga que lo llevara a un veterinario. Así lo hicieron y descubrieron lo que tenía.

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Laurie Zaleski

Su condición se llama megaesófago.

Se trata de un desorden que sufren los perros y algunos gatos y es común particularmente en esta raza. Básicamente, esto es lo que sucede: el esófago crece tanto que pierde su habilidad de contraer los músculos que ayudan a pasar los alimentos y líquidos hacia el estómago.

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Laurie Zaleski

Después de saber esto, la amiga de Zaleski pensó en llevarlo a un refugio.

Sin embargo, Zaleski sabía que si no encontraba un hogar, podrían sacrificarlo debido a su condición. Por esto decidió quedarse con él. Fue un acto de generosidad y entrega absoluto pues el caso de Chuck era bastante complejo.

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Laurie Zaleski

Los veterinarios nunca habían visto un caso como este.

No podía ser operado así que los veterinarios le dijeron que lo alimentara a través de un tubo. Zaleski se negó pues en medio de las dificultades, quería darle a Chuck una vida normal. Luego los veterinario sugirieron la idea de ponerlo a dormir, pues según ellos, no duraría más de un año.

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Laurie Zaleski
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Laurie Zaleski

Pero ella creyó en Chuck.

Investigó sobre el tema e intentó algo inusual. Le pidió a una amiga una silla de bebé (las que se utilizan en el auto). Con esta, Chuck aprendió muy rápido a subirse, sentarse y comer derecho sobre la silla. De esta forma, la comida podía llegar al estómago.

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Laurie Zaleski
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Este increíble pastor alemán desafió las predicciones de los veterinarios.

Ya tiene tres años y dejó de utilizar la silla de bebé para usar una llamada Silla Bailey, utilizada comúnmente por perros con la misma enfermedad. Chuck come tres bowls de una fórmula especial en cada comida; su dueña espera de 10 a 15 minutos a que la comida baje para pasar de un bowl a otro.

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Laurie Zaleski
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Laurie Zaleski

Zaleski ha invertido tiempo y corazón en Chuck y ha valido la pena pues es un perro feliz, enérgico y muy inteligente.

“Cuando no está comiendo en su silla, es completamente normal”.

-Zaleski-

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Laurie Zaleski
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Laurie Zaleski

Y vivirá muchos años más. 

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