Por Leonardo Granadillo
15 septiembre, 2020

El instinto materno de Toast salió a la luz sin importar la especie. Ahora lo cuida, lo lame para bañarlo (como si fuera una mamá gato) y hasta descansan juntos. No importa la raza, sólo el amor.

El cariño que estamos buscando para nuestras vidas, sobre todo en las primeras edades, puede encontrarse en los sitios menos pensados. No todos los animales por desgracia cuentan con la calidad de vida que merecen. Muchos de ellos dependen de las donaciones de personas que los ven deambulando por las calles, y buena parte de ellos también nacen sin volver a ver a su madre.

Algo así parece haberle ocurrido a este pequeño gatito. Que si algo no tiene es timidez. El bebé, procedente al parecer de Grecia, fue captado a las afueras de una casa, lugar donde se encontraba Toast, una perrita al menos 15 veces más grande que él.

The Dodo

El minino no tuvo miedo, todo lo contrario, se acercó de forma amistosa y también se encontró con una respuesta cariñosa. La perrita lo recibió con mucho cariño, lo empezó a lamer y hasta de entrada, le permitió que se acostara sobre su comida. Si no me creen, tenemos pruebas:

The Dodo

Así comenzó una hermosa relación. Toast lo adoptó como suyo y ambos han ido aprendiendo las costumbres del otro. Mientras el minino comprendió que el tazón de comida de Toast no es el lugar para descansar, Toast ahora lo baña como a ellos les encanta: con unas lamiditas repletas de cariño y ternura.

Cuando necesita subirse a una superficie se puede apoyar en Toast. Y cuando se porta mal, sale mamá Toast a buscarlo cargándolo con su hocico:

The Dodo

La hora de dormir y descansar es sagrada para ambos. Toast se deja caer y encima llega siempre el pequeñín, no se despegan, se han vuelto inseparables. Otra prueba de que no todo suele ser tan exacto y cuadrado. Existen perros que se la llevan muy bien con los gatos, y gatos con los canes.

Toast ahora tiene un nuevo hijo, muy dispuesto a entregarle todo su cariño y acompañarla en sus paseos.

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